Blanco nocturno y joven

Intruso del norte

Porque Cultura es calle o no será

JESÚS NIETO JURADO

La juventud, la tuya y la mía, la de ahora y la que vendrá, no es la de esos chicos enpingorotados, falsamente respondones, de la Escuela de Operación Triunfo en la verbena europea del 'frikismo'. No, esa operación de mercadotecnia no nos representa, y eso que yo -como Jaime Gil de Biedma- no volveré a ser joven. Los jóvenes son mucho más que eso; son el futuro de la libertad, la antorcha del Arte, la fuerza del cambio a mejor, y mi vecino de cuarto soñando la vida en 'tebeo'.

Sobre los jóvenes cae siempre un apriorismo de botellas y botellones pintado por una sociología miope y conservadora. El joven de estos tiempos confusos sufre doblemente, claro, por su juventud y por el momento histórico: ahora que una nómima es un pájaro raro e inalcanzable. El joven ve a los pensionistas en lucha, a los reyezuelos del 15-M en luchas intestinas, a amigos y novias exiliados, y comprende que sus padres vivieron por encima de sus posibilidades.

A la juventud sobrada de imaginación y musas se la veía claramente en 'La Noche en Blanco', con la ciudad ejerciendo de urbe mediterránea, insisto, mientras que eran pocos y raros los que dejaron la noche mayeña para divagar sobre el previsible tortazo eurovisivo.

Ahora que llegan los fastos del 68 y que muchos sesudos catedráticos teorizan sobre el papel de las mocedades y los adoquines, pienso que Málaga goza y exhibe una juventud cuya fuerza hay que ponderar, aun en estos artículos urgentes.

Mucho hemos hablado en esta columna del avance de Málaga como vanguardia de lo que aún seguimos llamando España, Europa.

Mucho hemos escrito -y descrito- a los vientos favorables que vienen soplando desde hace unos años, y eso pese a los grupúsculos que quieren el estatismo y sueñan con la ciudad chata de fuera hacia dentro, y de dentro para fuera. Pero hay otra ciudad, que diría Pablo Aranda. Una ciudad por debajo de los 35 tacos que nada tiene que envidiar a la neoyorkina. Digo que anduvieron por 'La noche en blanco' Ernesto Artillo y demás creadores dándole a Málaga y a su noche un motivo más, uno, para que se autoconvenza la urbe de que lo más creativo y rompedor combina con una ciudad que no tiene por qué renegar de sus tradiciones. Y está bien que por delante del 'selfie' del político ande un batallón de coetáneos míos, de toda disciplina, enarbolando qué ciudad diversa e imparable es la que queremos. Quizá porque Alfred y Amaia no nos representaron ni en la noche del sábado ni en ninguna: y la TVE 'de todos' bien que se dejó el empeño y los 'cuartos' en ello.

Nos hacen falta más noches en blanco. Entre mayo y los primeros terrales, la Cultura se vive mejor al aire libre. Porque Cultura es calle o no será. España volvió a caer en Eurovisión, y quizá ese fracaso sea el aldabonazo para un tiempo nuevo. El de los jóvenes que sueñen una ciudad y un país en el que sea siempre «noche en blanco».

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