BENDITA RUTINA

ARTURO REQUE

SUENAN los despertadores en cientos de hogares de nuestra ciudad. Sábanas revueltas se agarran a los cuerpos de esos miles de jovenzuelos que han pasado un par de semanas descansando de la actividad educativa que les imponen en colegios e institutos. Los números de las matemáticas también se desperezan en sus mochilas junto a los ríos y afluentes, capitales del mundo o sujetos y predicados de oraciones que esperan ser analizadas por mentes en crecimiento. Pereza, malhumor, desgana,...¡estoy cansado!, ¡quiero dormir más!, aunque también los hay que echan de menos a sus compañeros de clase y andan deseosos del reencuentro, de contarse sus aventuras y regalos, de volver a ver a esa chica de la clase de al lado... Atrás quedan días de ociosidad, holgazanería, horas de PS4 o Xbox y para alguno que otro, con menos civismo, horas «destrozando» las invasoras bicis amarillas.

Desde la cocina llega el olor del café y tostadas de los progenitores, algo más madrugadores obligados por la vuelta a la rutina -¡bendita rutina!- de llevar a sus vástagos a los centros educativos. Repaso de carpetas, libros, utensilios varios, ¡ah! y algún refrigerio para la hora del recreo. Vuelven las prisas y los deberes, toca volver a cuadrar los horarios de esas tardes donde nos han convencido es necesario tener a los jóvenes ocupados y en aprendizaje continuo, ¡que la vida es muy competitiva y el que no espabile se queda atrás! (¿Detrás de qué y quién?¿En qué espejo queremos verles reflejados? ¿Acaso no será el de nuestros deseos incumplidos?)

Cómo cambia la percepción del tiempo según quien lo mire. A los chavales se les ha pasado rapidísimo y ya buscan en el calendario cuándo tendrán la próxima interrupción estudiantil, que en nuestra comunidad no será demasiado lejana tras el invento de la Semana Blanca. Los padres (y madres, no se me enfaden), sin embargo, ya necesitábamos recuperar la rutina por mucho que suponga volver a enfrentarnos a la batalla diaria, batalla al fin y al cabo, de enemigos conocidos donde, pese a todo, nos encontramos cómodos.

El reloj de la cuenta atrás del 2018 ya lleva unos días recortando segundos y los propósitos fijados entre uva y uva precisan del esfuerzo personal para que sean cumplidos. Algunos ya se habrán arrepentido de aquella promesa interior que se hicieron con un exceso de optimismo botella de cava en la mano, o habrán rebajado las expectativas bajo una piadosa excusa. Los gimnasios -hasta la bandera- ofrecen recuperar aquella silueta perdida, y nadie quiere oír hablar de comidas suculentas mientras le dure el recuerdo -o se le recupere el bolsillo-.

Nuestros políticos también precisan recuperar su rutina tras tanta festividad y actos públicos. Los de un signo y los de otro, los de en medio y los de al lado, supongo que todos tendrán sus objetivos y proyectos para este año buscando situarse bien de cara al sprint electoral del próximo. Mucho me temo que éste va a ser algo aburrido, sin riesgos ni apuestas interesantes, un partido de ida de Copa donde es mejor empatar que arriesgar, dejándolo todo al partido de vuelta. Me huelo una estrategia de desgaste donde primarán los intereses partidistas frente a las soluciones urgentes del municipio. Impensable cualquier acuerdo entre opuestos de cara a las necesidades reales e históricas de Marbella. Cada cual achacará al organismo superior afín a su opuesto -Junta o Estado, la dejadez e imposibilidad de desarrollo de nuevas infraestructuras. Nada de iniciar planes de largo recorrido ya que no aportan rédito electoral y conllevan demasiada dedicación. Veremos las clásicas actuaciones puntuales, también necesarias, que tanto gustan a unos y a otros pero que aplauden o critican según el lugar que ocupen en el hemiciclo. Quedará por ver como se pronuncian los «nuevos» partidos ya que deben mostrarnos sus cartas, ver cómo se manejan en la rutina política de la ciudad.

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