El barrio se alquila

INTRUSO DEL NORTE

A ciertas horas la calle Bolivia parece Sarajevo

JESÚS NIETO JURADO

Yo los veo desde mi curva y mi recurva. Los oigo. Ni papa de español y no se sabe cómo han llegado. La maletita hace ruido por la mañana. Serán diez años más jóvenes que yo. Van con el macuto, una blanca palidez y unas vagas promesas mediterráneas que rompen al caer el día, cuando se pierden en alguna playa con guitarra. No los veo en El Morata, ni en el Pimpi Florida. Si acaso pagan con tarjeta una manzana y un pepino en el supermercado y vuelven a cierto espigón que es como la ONU. Hay un turismo de tercera, que ha malentendido que el Este de la ciudad sea un paraíso para las academias de español. Lo contaba este periódico con un titular que resume la historia reciente de parte de la ciudad: «El auge del alquiler vacacional 'expulsa' de las zonas Centro y Este a inquilinos de larga estancia».

Y sobre esta realidad, sobre los precios inflados, está mi barrio, mi Pedrega, al que le falta un supermercado democrático, dos bares de tapas, un ambulatorio y un baldeo de las aceras. Porque aunque los alquileres anden inflados por Pedregalejo, a ciertas horas la calle Bolivia parece una avenida del Sarajevo en guerra. Me lo cuentan los comerciantes y mis vecinos, que no pueden por edad y por vocación disfrutar de esa feria de las vanidades que es cierta parte del Paseo Marítimo a ciertas horas. Se sabe que a las dos de la madrugada pasa un coche de los municipales para cerrar el último mojito. Y es que sucede que pensar y reflexionar sobre los alquileres y sus burbujas es cuestionar al ser humano y hasta ese episodio de la Constitución del derecho a una vivienda digna y tal. Y uno que no tiene techo fijo viene a apenarse cuando en esta zona de Málaga Este nos ponemos de moda para mal. Está el ansia viva del casero, está el guiri que viene a perder el sentido y están los vecinos de bien que tienen que comerse esta tostada de la irregularidad. Y una zona bella, al nivel de la mejor Santander, del mejor San Sebastián, este Este de la urbe donde se hace poco o nada por una sencilla cuestión: lo que aporta electoralmente la baja densidad de población. Porque antes del boom de las redes, mi barrio de Pedregalejo olía a jazmín y hasta había una pizzería, Paperino, donde nos llevamos a cenar a ese primer amor que sigue llamándose P...

Al rebufo de esa Málaga internacionalizada por los tabloides sajones, está esta Málaga de los alquileres turísticos y las albondiguillas de un microurbanismo usurero que no mira más allá de la 'manteca colorá' que vaya a dejar un tipo de Chicago por la semana de Feria. Hay turistas que vuelven a Hamburgo o a Dublín sin saber qué es un espeto. Y eso, como la paella con chorizo del otro de la tele, es un crimen de lesa humanidad.

Algo habrá que hacer por Pedrega y para Pedrega.

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