Sin ir más lejos

Barracones

La solución lejos de la vista no deja de ser una vergüenza por más que la maleza africana ayude a tapar carencias

José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

Los barracones vuelven a la Facultad de Económicas, de donde nunca se fueron del todo. Contra la lógica de la mejora se instala la resignación para viajar cuarenta años en el Cuéntame de la UMA, una institución con deberes urbanísticos pendientes. La solución última al problema de espacio para los alumnos vuelve a ser reabrir un trastero que se daba por amortizado. El Ejido era ese arrabal de las ciudades medievales y aquí hay murallas insuperables aunque no se vean. Los barracones son pequeños, pero el problema que revelan no es menor. Reabrirlos siempre estaba ahí como el peor horizonte posible cuando apenas avanza ese máster del desencuentro, menos ruidoso que otros, que mantiene al Ayuntamiento y la UMA sin cerrar asuntos en años. Urbanismo no dejó elevar una planta a Económicas aferrado a un futuro plan especial de El Ejido y por el momento aplica un castigo horroris causa que la institución no se merece. Ambas partes andan en un pulso preocupante, con un kilómetro de campus -metro incluido- con un lento calendario para urbanizar mientras el viejo campus no acaba de ser para la ciudad ni resuelve urgencias de espacio. El nuevo curso tendrá el ceremonial diario de la precariedad a escasos metros del edificio del Paraninfo, el salón reservado para las grandes ocasiones. Una solución lejos de la vista no deja de ser una vergüenza por mucho que la maleza africana ayude a tapar las carencias. Todo un fracaso de imagen, al alto precio de 250.000 euros, aunque se dé por hecho que la fumigación de mosquitos se abordará con la misma diligencia que la puesta a punto del aire acondicionado en los 'smartbarracones' mientras los edificios inteligentes toman forma en el campus de Teatinos. Es el inexplicable escenario que hace perder la fe en el progreso de la universidad y en su escaparate de vanguardia. El chabolismo educativo, con esa etiqueta de provisionalidad eternizada que da la tierra, vuelve como la falsa metáfora inevitable de una relativa masificación. Es un estrepitoso fracaso de imagen para la UMA, para la ciudad y para Económicas, su carrera más veterana, y para el que al menos le queda esa lectura positiva del éxito de matriculaciones y la demanda creciente para su oferta de grados, másteres y cursos.

El paisaje actualizado de los barracones me trae el remoto recuerdo de aquellos alumnos inaugurales de primero de Medicina, algunos de los cuales entraban por las ventanas a una improvisada 'facultad' instalada en el Hospital Civil con clases hasta la bandera. Era más rápido entrar así que hacerlo por la puerta. Ahora, el barracón vuelve como evidencia de que las vías para solucionar problemas de espacio siempre serán más improbables que el protocolo perfeccionado de la chapuza que viene para quedarse. Los barracones con wifi no cambiarán el mensaje último de precariedad e improvisación. Deseemos corta vida a estos contenedores, no sea que a alguien abogue por la tercera vía del máster no presencial de Cifuentes o del presentismo virtual del investigador Errejón para rebajar la necesidad de nuevas aulas.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos