Bando de traca

Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

Lo del bando municipal de Navidad y fin de año en Málaga es de traca. Literalmente. El segundo punto del texto no tiene desperdicio. Dice, literalmente: «Prohibición del uso en la vía pública de petardos y otros artificios pirotécnicos». Demuestra el alcalde, Francisco de la Torre, que es quien lo firma, como corresponde, que la teoría nos la sabemos todos. Y como tantas veces, la norma va por un lado y la realidad por otro, generalmente, justo el contrario. En estas fechas es más fácil comprar pólvora que turrón de chocolate Suchard. Que en la capital hay muchos petardos, eso ya lo sabíamos. La diferencia es que en diciembre, además, explotan y hacen ruido. De forma impune.

Incluir en las normas públicas cantos de sirena como este genera desencanto entre los ciudadanos, que no comprenden tanta tolerancia buenista para con determinadas cuestiones. Además de afectar al descanso, en especial de niños y personas mayores, los cohetes han provocado incendios en el Parque. También quemaduras, cuando no directamente le han volado algún dedo a un tullido artificiero amateur. De paso, pregunten a la Protectora de Animales y al Parque Zoosanitario cuántos perros se escapan, se pierden e incluso mueren en accidentes cuando huyen despavoridos tras una detonación ensordecedora.

Es increíble en esta ciudad la tolerancia con la bulla, sobre todo si tiene lugar en el 'ruidódromo' oficial, que es el Centro, donde todo vale, más si es Navidad; o Feria de agosto, o Semana Santa, o Carnaval o cualquier semana del año, de jueves a sábado. Hacer estallar artefactos en la vía pública, según el bando, no está permitido, pero se pueden comprar en todas partes, y nadie se priva de estrenarlo sobre la marcha, sin alejarse mucho.

A ver cómo le explicamos a los guiris de esta Málaga turística que todas esas explosiones, a la vista descarada de cualquier transeúnte, en vías atestadas de gente, en realidad están supuestamente perseguidas por la policía. Que padres desaprensivos les ponen las bombas en la manos a críos de corta edad, como se puede ver a diario en el Parque. O sea, que no se puede, pero vale. Ilegal, pero poquito. Propongo el recinto Eduardo Ocón como 'petardódromo' oficial malaguita, al modo de las fiestas levantinas; con su corralito para que cualquiera se meta y se tire cohetes a las narices. Mejor no dar ideas, que las carga el diablo.

Si de verdad está prohibido su uso en las calles de Málaga, pues persigan estas malas prácticas de verdad, con determinación y multas, como si fuera cualquier otra falta. Y si no están dispuestos a hacerlo, al menos ahórrenle a los afectados la (ma)traca de leerlo en el bando.

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