Baltasar de Málaga

La rotonda

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Me encanta el país, España, y la ciudad, Málaga, en la que vivo. Me fascina su tolerancia y su grado de convivencia. Pocas sociedades hay en las que se permita que un musulmán encarne al Rey Baltasar, paradigma del cristianismo de quienes fueron a adorar al Niño Jesús. Eso es algo de lo que parece que no se dan cuenta los que quieren cargarse el sistema, como Málaga Ahora, grupo municipal del que ha salido la propuesta. Ya me gustaría ver qué pasaría en un país no católico al respecto con una tradición histórica y religiosa similar a la referida. Aquí parece que estamos obligados a aceptar cualquier exigencia, sin que nadie nos preste el mínimo respeto al contrario. De hecho ha ocurrido. Son cosas de la vida, la misma que me hace dar gracias a dónde vivo, cómo vivo y la sociedad permisiva y democrática (y muy acomplejada también) a la que pertenecemos. No quiero que nadie lo malinterprete, pero lo digo claro: un Baltasar musulmán es lo último que una cabalgata de Reyes podía esperar... Vamos, no veo yo a un profeta católico en una tradición de un país islamista. No es peor ni mejor, sino una realidad. No busco comparaciones, simplemente que los que quieren dinamitar lo que tenemos se den cuenta de un puñetera vez que es mucho y muy bueno, muy democrático y muy permisivo, mucho más de lo que serían ellos si ostentaran el poder. Aquí no navegaré entre dos aguas, ojalá, por el bien de todos, no lo alcancen nunca. Así de claro.

Hay muchas varas de medir, y no todas son las mismas. Ese es uno de nuestros problemas. No se puede entender que un señor que dejó tetrapléjico a un policía esté libre unos cuantos años después y presuntamente consume un asesinato porque alguien llevaba unos tirantes con los colores de nuestra bandera. No se puede entender que alguien que violó, asesinó y descuartizó a una joven esté en la calle pocos años después y trabaje en un centro de Psicología médica... ¡Vamos, para salir corriendo si te pilla semejante terapeuta! Lo mismo que no se puede entender que haya quien se siente en el banquillo de los acusados para escarnio público aún a sabiendas de que no podrá ser condenado nunca a penas de cárcel porque no cometió delito alguno para ello. Pero claro, entonces aparece Puigdemont con su bufanda amarilla y la suma de los despropósitos te llena el armario de la comprensión, y si encima ves la televisión 'pública' catalana tendremos que aguantar el 'España nos roba' porque no ha habido pantalones para quitar el mando de un medio de comunicación público a los golpistas. Claro, que si el líder de la oposición piensa que puede ir a un funeral de estado con jersey rojo chillón y sin corbata por aquello de que no entiende que el progresismo no está reñido con los buenos modales y las aceptables vestimentas, entonces todo da igual. Lo mismo que me da igual tener un Baltasar negro musulmán, lo único que quiero es que se reconozca que eso sólo es posible en un régimen tolerante y democrático como el nuestro. Con eso, fíjense, me doy por satisfecho.

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