La rotonda

Balance sanitario

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

En estas fechas navideñas, en las que los buenos deseos se superponen a las malas intenciones, no es plan de que a nadie se le indigeste alguna de las muchas comidas compartidas con familiares y amigos sacando los colores a gente que no ha cumplido con su obligación. Pero, claro, el espíritu de la Navidad, por más manto protector que extienda y por más que uno, cumpliendo con las tradiciones, viese por enésima vez, después de la cena de Nochebuena, 'Qué bello es vivir', la realidad no se debe deformar. Ni es conveniente faltar a la verdad. Así que, sin ensañamiento, pero con rigor, toca hacer un balance sanitario de este año que se va para no volver. Lo que ocurra a lo largo de un 2018 que se remueve inquieto en los calendarios con ganas de salir a un mundo que lo espera con expectación no lo sabe nadie, por más que muchos expertos hagan sus augurios. Como los pronósticos fallan más que las escopetas de feria, dejaré de lado la tentación de vaticinar el futuro y me centraré en un pasado que es casi presente y que se circunscribe a los últimos doce meses. La pregunta clave es: ¿está mejor la sanidad pública malagueña ahora que cuando 2017 empezó a desgranar sus días? La respuesta, a mi juicio, es que se ha remontado el vuelo de modo inapreciable, con la salvedad de que en verano sí hubo un aumento de las contrataciones para sustituir al personal que cogía sus vacaciones. Es cierto que el incremento no fue igual en todos los distritos sanitarios y que la falta de médicos de familia trajo consigo las protestas de los profesionales agrupados en el colectivo 'Basta ya', pero en líneas generales hay que reconocer que se produjeron más contrataciones.

Otro aspecto a destacar es que el grupo de expertos que tenía el encargo de analizar las necesidades de la sanidad de Málaga ha culminado gran parte de ese trabajo y ha presentado a la Consejería de Salud un documento en el que se propone cómo y dónde hay que construir el hospital que la capital malagueña viene reclamando desde hace más de una década y que ya no se puede aplazar más. Igual que no es de recibo que las obras de ampliación del Hospital de Marbella lleven siete años paradas o que el centro hospitalario del Guadalhorce, por una mala planificación en cuanto al suministro eléctrico, no esté funcionando al cien por cien. Tampoco es admisible que las listas de espera continúen creciendo, con el consiguiente ascenso de las demoras que sufren los pacientes, ni que Málaga esté a la cola en camas hospitalarias públicas o que haya subido la temporalidad del empleo. En fin, que es mucho lo que falta por mejorar.

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