BAJA EL DIAPASÓN, SUBE LA TENSIÓN

JUAN CARLOS VILORIA

El tono deliberadamente apagado que utilizó el presidente del gobierno Mariano Rajoy en su comparecencia para responder a la declaración de Puigdemont pudo resultar engañoso. Como además contagió al hemiciclo y esta vez ERC no sacó a Rufián a la palestra, la sesión fluyó sin las grescas o rifirrafes habituales. Pero por debajo de la esgrima dialéctica moderada, casi filosófica, sobre si todo lo legal es democrático o todo lo democrático es legal se palpaba la presión que corta el aire a toda la clase política. Como quien habla del tiempo en el ascensor Rajoy dejó sobre la mesa el emplazamiento cardinal que obliga al president de la Generalitat a despejar la niebla sobre la realidad o sueño de la república catalana. Antes del lunes. Rajoy llevaba en una mano la rama de olivo (el diálogo) y en la otra las tablas de la ley (artículo 155 de la Constitución). Claridad y plazos. Sin amenazas, sin alzar la voz. Había en el ambiente una novedad respecto al inmediato pasado porque la 'cocina' constitucional había funcionado a pleno rendimiento en la últimas horas y el PSOE que Margarita Robles representó en la tribuna estaba en clave de partido de estado y el socio preferente Albert Rivera también cerraba filas con el Gobierno.

Para aderezar el guiso cada uno arrimaba el ascua a su sardina y el relato a su particular visión del monumental atolladero en que está metida la política nacional. El presidente se empleó a fondo intentando desmontar la propaganda nacionalista sobre el derecho a decidir. Margarita Robles, en el mérito de su partido, y Pablo Iglesias, presumiendo de abuelo fusilado y de los hijos que le gustaría tener para llevarlos a Barcelona después de un referéndum pactado. Las acciones de los mediadores entre tanto parecían caer en la cotización del procés. Prácticamente nadie apuesta ya por esa idea tan peregrina. Y suben las acciones del diálogo. Todos se han apuntado al mantra más mediático y exitoso. El problema es que el concepto tiene una amplia gama de fondos y formas. Nada que ver el diálogo tal y como lo dejó entender el portavoz catalán del PDeCAT con el que sugirió Mariano Rajoy. La sombra del artículo 155 planea sobre un gobierno independentista que en el último minuto tuvo vértigo y paró el coche en el arcén. Si la esperanza de los 'indepes' es una mesa de diálogo, en un lado Mariano y Soraya y en el otro Carles y Oriol, pueden irse olvidando. Todo apunta más bien a un largo juego de posiciones en el que ni unos se atreverán a declarar la independencia ni los otros a suspender la autonomía. Pero la situación es tan tensa que cualquier chispa puede desatar un incendio.

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