Hoy sí, pero ayer no...

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Lo que ha vivido España en las últimas horas es inaudito. No que haya habido un cambio de presidente de Gobierno, no que se pacte para ello con los que ampararon al terrorismo vasco durante décadas o a quienes quieren dinamitar el propio país desde dentro mediante un golpe de estado, no, sino por muchas más cosas, que ya es difícil. Lo único bueno es la lección que se ha dado al mundo, porque no olvidemos que llevamos meses con la matraca de Podemos, de algunos de IU y de los separatistas catalanes diciéndole al mundo que esto no es una democracia, que España vivía en una dictadura. A ver, ¿qué dictadura permite semejante cosa? ¿Cree alguien que Reino Unido, Alemania, Francia o Estados Unidos permitiría a un presidente llegar a su despacho con el apoyo de quienes quieren romper la unidad de ese país o abuchean al himno nacional o a las máximas autoridades del estado en cuanto tienen ocasión? ¿Creen que alguien, todos igual o más demócratas que nosotros, dejaría que hubiese un cambio en la Presidencia del Gobierno quedándose con unos presupuestos generales administrados por el mismo señor que 48 horas antes los tachó de insolidarios, tercermundistas, sectarios, reaccionarios y que provocarían una mayor desigualdad social? Somos muchos los que ahora mismo contemplamos anonadados como los Rufianes y compañía hablan ahora de democracia refiriéndose a las mismas instituciones que hace dos días eran un pasto del totalitarismo bajo las garras del PP. Conozco a muchos militantes del PSOE 'desubicados' por cómo se ha llegado a La Moncloa. No por las formas, sino por el fondo, y es que se han pedido los votos de quienes mantienen los lazos amarillos en todo el mundo proclamando el 'totalitarismo' de esta España decadente y poco democrática (sic). Pues miren cómo funcionan sus instituciones, miren si son democráticas y amplias de miras, pues miren cómo este país es capaz de sobreponerse a la peor tanda política de su historia desde el desastre de 1898... Ahora los mismos 'lobbys' que han copado durante meses las redes sociales ante la pasividad del partido en el Gobierno saliente se apresuran a poner en letras mayúsculas la palabra DEMOCRACIA, como si hubiera venido de sopetón de la mano de Pedro Sánchez y de Pablo Iglesias. Me da igual que gobierne uno u otro, en estos 40 años de vida periodística he gozado y penado, a partes iguales con cada uno, gobiernos de UCD, PSOE y PP, pero nunca pensé que iba a tener un presidente del Gobierno amparado por Otegui y Puigdemont, eso se les escapa a las meninges más elementales de muchísimos españoles, que ven cómo funcionan las instituciones, cómo somos tan demócratas, que damos paso y hacemos lo que quieren los que no lo son... Ahora sí somos demócratas, claro, pero hace 48 horas no. ¡Qué pena! Y qué pena de Andalucía, la única Comunidad sin fuerza nacionalista en el Parlamento (frente a vascos y catalanes o canarios), olvidada por todos, incluido el nuevo presidente. Y eso que somos 8 millones de votantes. Hoy sí, esto es una democracia, pero ayer no... La ley del embudo. ¡País!

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