Aviso a navegantes

Vienen curvas

Ana Barreales
ANA BARREALES

Si hace una semana nos hubieran dicho que íbamos a tener nuevo presidente del Gobierno después de una moción de censura para desalojar a Mariano Rajoy de la Moncloa tras la condena del PP por corrupción nos hubiéramos reído. Después de «10 ó 15 casos aislados de corrupción» (para qué ponerse a contar minucias), como el propio Rajoy se atrevió a afirmar tras conocer la sentencia no parecía que pudiera producirse un tsumami. Ni siquiera Pedro Sánchez en sus mejores sueños hubiera imaginado un escenario así.

A veces los presidentes se creen inmunes, piensan que están por encima de la realidad, como si describiendo con palabras su situación soñada fueran a cambiar algo. Le pasó a Zapatero negando la crisis y a Rajoy ignorando la corrupción.

Las tendencias políticas van ahora a velocidad de vértigo, pero algunos partidos creen que la gente les va a seguir votando hagan lo que hagan, incondicionalmente, como se apoya a un equipo de fútbol gane o pierda, juegue bien o rematadamente mal, aunque el portero tenga manos de chicle como el del Liverpool (quien dice manos de chicle dice un chalet en Galapagar). Claro que al fútbol se va a disfrutar, a llorar o a quejarse. Se dan cuatro gritos de desahogo y luego se vuelve a casa donde todo sigue igual. Lo que pasa en el campo se queda ahí. No afecta a la pensión, ni al futuro profesional, ni a la educación de los hijos. Si acaso hay que aguantar las bromitas de turno en el desayuno. Pero es que hasta en el fútbol se echa al entrenador cuando las cosas no funcionan.

En España habíamos llegado a una convicción muy triste: si no había una 'lógica aritmética' que sumara nunca podía pasar nada que hiciera caer a un gobierno en una moción de censura. Porque lo de dimitir , no digo ya como Zidane, no está contemplado. Si estamos gobernando podemos hacer lo que queramos. Que es un poco parecido a aquello de Alfonso Guerra de «presentamos una cabra de candidato y gana la cabra».

La única ventaja que tiene Pedro Sánchez es que es presidente contra todo pronóstico y que las expectativas sobre su gestión con 84 diputados ( de los 350 que tiene el Parlamento) son tan bajas que es difícil defraudarlas. Por otra parte, los 180 diputados que le han dado su apoyo son tan heterogéneos que es inviable contentarlos a todos a todos. Las desventajas son todo lo demás.

El ascenso de Sánchez ha servido para demostrar que nunca hay que darlo todo por perdido, ni tampoco por ganado, ni hay enemigo pequeño. Esto sirve tanto para el Gobierno de España, como para el resto. Cuando haces pop ya no hay stop. Las escasas certezas que había en el Ayuntamiento de Málaga y en el Gobierno de la Junta para lo bueno y para lo malo se ven ahora, con esta nueva perspectiva muy lejanas.

Estos son los votantes que os han tocado. Avisados estáis.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos