La ausencia de Susana Díaz

Lalia González
LALIA GONZÁLEZ

Como en la vida misma, el dolor une, crea lazos, hace que se olviden diferencias y centra el foco en lo fundamental, que es seguir a salvo. Respirar, andar, no tener daños, que no los sufran nuestros seres queridos. A la vez, pone de manifiesto que muchas barreras son más mentales o artificiales que reales y físicas, porque se caen en cuanto se encaran. El ataque terrorista de Barcelona, de qué otra cosa puedo escribir hoy, es un impacto que no se puede soslayar y que demuestra hasta qué punto los catalanes, los andaluces y los demás pueblos españoles laten juntos y comparten raices, sentimientos, aspiraciones. Cataluña, como la mayor parte del país, forma parte de Al Andalus en el imaginario del Califato, del Daesh, de la organización criminal que se propone entre sus objetivos principales volver a conquistar el territorio que los árabes ocuparon hasta 1492.

El dolor colectivo se canaliza a través de las instituciones y sus representantes. Por eso extrañó la ausencia de la presidenta de la Junta, Susana Díaz, de los minutos de silencio en los ayuntamientos de las capitales. La presencia del Gobierno autonómico fue de la consejera de Hacienda, María Jesús Montero, que estuvo en la Plaza Nueva hispalense porque le tocaba en esos días agenda institucional. Díaz ultimaba el jueves vacaciones, quizás las más tranquilas y necesarias de los últimos años, y se limitó a tuitear su pésame mientras emprendía el viaje de vuelta. No llegó hasta el viernes por la noche a Sevilla, si bien se mantuvo en contacto, desde el alojamiento rural de una isla española donde descansaba, con el Gobierno de la nación, mientras el vicepresidente Jiménez Barrios lo hacía a nivel regional con el delegado del Gobierno, Antonio Sanz. El PP-A no ha hecho causa de esta ausencia de modo formal, salvo por un tuit de Toni Martín, vicesecretario y parte de la 'mesa camilla' de Juanma Moreno, que la Junta no quiso replicar. En el fondo, que la echen de menos le hace un favor.

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