Repaso semanal

¿Se atrevería la Junta con el tranvía al Hospital Civil?

La Consejería de Fomento ya tiene vía libre para licitar y adjudicar la ampliación del metro en superficie

Javier Recio
JAVIER RECIOMálaga

Las posturas están claras. Y ninguna administración puede interferir o excusarse ya en la decisión que adopte o quiera adoptar la otra. El Gobierno andaluz ya ha dado luz verde para que la Consejería de Fomento pueda licitar y adjudicar el proyecto del metro al hospital Civil. El Ayuntamiento de Málaga ya ha dicho por activa y por pasiva que en ese viaje no acompañará a los dirigentes autonómicos, pese a que se había comprometido a ello por escrito. Eso es así por muchas vueltas que le quiera dar el alcalde de Málaga. Firmó lo que firmó y no lo que le hubiera gustado firmar, que está claro que era otra cosa a tenor de su negativa actual. Se ha escudado en los vecinos e incluso acudió al TSJA al considerar que se vulneraba su autonomía municipal. Y no le han dado la razón. Ha perdido. La Junta de Andalucía se puede decir que tenía muchos argumentos a favor para justificar que no se pusiera en marcha la obra citada. Pero ya no los tiene. Hasta ahora podría resultarle muy cómodo decir que quería, pero que no podía porque jurídicamente no le era posible. Pero esas cortapisas ya han desaparecido. Ya tiene el instrumento jurídico para llevar a cabo con determinación lo que hasta ahora ha dicho que quería hacer. Sin embargo, todo parece indicar que ya no lo tienen tan claro. Ya saben que no tienen la muleta del alcalde para enfrentarse a parte de un barrio, pese a que los contrarios a esta solución se han contado por un puñado cuando se celebró una manifestación que resultó un fracaso absoluto. La verdad que es complicado llevar a un barrio un tranvía cuando hasta ahora lo que se había construido en otras zonas de la capital era un metro. Básicamente esa es la gran diferencia que existe. Y no es baladí. No es igual que circule un tren por arriba que bajo tierra. Los metros de las grandes ciudades lo hacen bajo rasante. Y es muy complicado justificar que en Eugenio Gross lo haga por la calzada, pese a que haya poderosas razones económicas que así lo aconsejen. Una de las cuestiones que están pasando inadvertidas en esta polémica es el caso de la trinchera, que es el espacio necesario que tiene que existir para que los vagones emerjan. O sea, cuando se pasa del modo metro al modo tranvía. Eso crea sin duda impacto como ya se puede apreciar en la zona de Teatinos. Lo que ocurre es que no es igual en este nuevo barrio, donde las avenidas son muy amplias, que en los aledaños de El Corte Inglés, donde ya está todo muy apelmazado. Por cierto, no estaría de más acabar la obra del metro en esta zona, que siguen paralizadas después de varios años. La Consejería ya ha sacado a concurso su reanudación, pero los meses siguen pasando y no se terminan de adjudicar. La imagen que se está dando en ese sentido es penosa. Aunque al menos se ha dado el paso. Algo que no está tan claro que haga en la prolongación de la línea al Civil sin contar con el visto bueno municipal. Hay que ser muy valientes para hacer un proyecto de este tipo con la oposición del poder municipal. ¿Se atreverá a hacerlo sola la Junta? A día de hoy hay que ser escépticos.

El alcalde, acorralado por prohibir entrenar a niños

No es aventurado decir que el alcalde de Málaga jamás hubiera pensado que uno de sus mayores quebraderos de cabeza sería el entrenamiento de unos niños que juegan al baloncesto. La multa impuesta a dos colegios por los ruidos causados ha saltado a todo el país, donde se señala a la capital malagueña como un sitio donde se impide jugar a estos chavales. Y no es del todo cierto. La decisión afecta a sólo dos colegios y está motivada por las denuncias vecinales, que nadie duda que tendrán sus razones acústicas para hacerlo. Pero no se puede estar sentado y de pie al mismo tiempo. La ordenanza no permite mirar para otro lado, aunque seguramente será lo que ocurrirá con el recurso que plantee la Junta de Andalucía, que a la postre es la que tiene que pagar la sanción, porque los entrenamientos se hacían en dos de sus colegios. Se habla mucho del convenio, como si esto asegurara a estos chicos entrenar con total impunidad. Y no es así. Si hay algún vecino 'pejiguera' se volverá a abrir un expediente sancionador, porque así se lo permite una ley que impone unos niveles de ruidos incompatibles con actividades tan normales como la práctica del baloncesto. Pero es lo que hay. La única solución pasa por insonorizar colegios, algo para nada barato, y firmar un convenio no ya para permitir que los niños jueguen más horas, sino para repartirse las responsabilidades ante las multas. O sea, que el Ayuntamiento sea el que tenga que pagar sus propias sanciones. Al tiempo.

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