El artículo de juan gómez-jurado | 25 a 0

JUAN GÓMEZ-JURADO

Esta semana me ha saltado a los ojos una noticia pequeña de tamaño pero enorme en importancia. «Despiden a un entrenador de un equipo alevín de fútbol por ganar 25 a 0». El equipo que pasó el rodillo era el Club Deportivo Serranos, muy conocido entre los clubes de barrio de Valencia, según informaba ayer ‘Las Provincias’. Cuando comenzó el partido, eran dos grupos de niños exactamente iguales, dispuestos a jugar, a pasarlo bien. Al cuarto de hora, el partido estaba sentenciado, con seis goles a favor del Serranos. Sus rivales, el Benicalap C, que venían justos, sin poder hacer cambios, y con la mochila a la espalda de haber perdido todos los partidos de la temporada, no dejaron de atacar. Y el entrenador del Serranos no le dio a sus jugadores la orden lógica en estos casos, que bajaran un poco el pistón. En lugar de eso, según el club, les dijo que siguieran atacando.

El partido concluyó 25-0. Veinticinco goles más en contra, que engrosaban el total de 247 goles que el equipo había recibido. Era el último partido de la temporada, y los chicos se fueron a su casa con otros veinticinco goles en contra. Pero lo único que ellos querían era marcar. Un gol. Un solo gol, aunque recibiesen otros veinticinco. No dejaron de atacar en ningún momento. Tampoco los otros, me temo.

El club despidió el entrenador a las pocas horas de acabar el partido, «Nosotros educamos valores, como el respeto al equipo contrario, y esa actitud no podemos admitirla». Lo comprendo. Me duele por el entrenador, que ha perdido su puesto de trabajo, y que tampoco podía haber hecho mucho más, supongo. ¿Cómo les dices a unos niños que se dejen marcar? ¿Cómo enseñas a unos niños que tienen que fallar, o perder? ¿Les paras, en mitad del campo, cuando corran desbocados hacia el marco contrario?

No puedes hacer eso.

Pero al mismo tiempo creo que la mayor lección que ofrece el deporte es que el premio es el deporte mismo. Que ganar por un gol o por veinticinco no es lo mismo. Creo que los chicos del Benicalap lo sabían muy bien, porque seguían peleando por marcar uno, uno era todo lo que querían. No dejar el marcador vacío, aunque costase la vida u otros cien goles más. No es bueno ganar por mucho. Nunca lo es. Es mucho peor que perder. Pero a nuestros hijos no les enseñan esa valiosa lección, porque crecen interpretando la vida en modo binario. Yo, que he sido siempre un tremendo patán con el balón en los pies, y que me llevé mis buenas goleadas en su día, no puedo dejar de empatizar con el perdedor que, con todo en contra, recoge veinticinco veces el balón del fondo de las mallas, lo coloca en el círculo central, vuelve a sacar y a mirar hacia la lejanísima portería rival, en lugar de enfilar los vestuarios.

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