SI HAY ARTE NO HAY BARRERAS

ÓSCAR ROMERO

En la Sala Gades se ha inaugurado la serie de estrenos de los trabajos fin de carrera (óperas primas) del alumnado de la especialidad de Coreografía, con el montaje de Teatro Danza, coreografiado y dirigido por Hortensia Laencina e Isabel Vargas, de '¡A morir se ha dicho!'. Es una adaptación al formato de Teatro Danza del texto escrito por Eusebio Calonge con el título original de 'Futuros difuntos'. Pocas posibilidades ofrece a priori, la historia de unos seres ingresados en un establecimiento que acoge a personas con graves problemas psíquicos y físicos, pendientes de la salud del regente y con la incertidumbre sobre el futuro que les espera cuando éste fallezca, para desarrollar un espectáculo basado principal mente en el lenguaje corporal de la danza. Paradójica y afortunadamente para el arte, dos excelentes y brillantes alumnas que se gradúan este año en la especialidad de Coreografía en el Conservatorio Superior de Danza andaluz, con sede en Málaga, han conseguido crear un delicioso y original espectáculo, junto a otra gran y veterana bailarina y actriz: María Jesús Barrios. Una tierna historia que ensalza los sentimientos que anidan en unos seres con dificultades físicas o psíquicas para valerse por si mismos y pendientes de los 'regentes&rdquo' de turno y de los conceptos de estos en cuanto a leyes y normas sobre dependencia, solidaridad e igualdad y a la supervivencia de las personas que ya se han jubilado y que algunos/as, seres desarmados, parecen desear que desaparezcan del planeta, a pesar de que hayan estado contribuyendo con su trabajo e impuestos durante muchos años, al bienestar de todos y ahora quisieran dejarlos fuera del sistema de pensiones públicas e incitan a beneficiar a las entidades financieras o simplemente desear que se esfumen. Isabel Vargas y Hortensia Laencina, junto a María Jesús Barrios, con su arte y calidad, tanto momo coreógrafas como bailarinas, logran mostrarnos a unos seres entrañables, desvalidos, pero con espíritus de supervivencia y dignos de ser queridos y ayudados, en un mundo hostil en el que habría que cambiar muchas cosas. Una puesta en escena brillante en un sobrio y solemne espacio escénico con solo una galería de retratos de antiguos regentes y una prodigiosa iluminación, que propician una nueva concepción de la coreografía, lejos de las tradicionales y repetidas reproducciones coreografías centenarias y a tres interpretaciones que crean un nuevo concepto de la danza basado en la construcción de personajes, con sus minusvalías congénitas y despiertan la admiración y la ternura. Capítulo aparte merecen tres geniales bailarinas-actrices que, con sentido del humor, muestran su excelente técnica para hacer armoniosa la dificultad de unos discapacitados personajes y hacerlos admirables, sin caricaturizarlos. Otro producto de la labor del Conservatorio Superior de Danza y de su excelente y creativa cantera.

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