La Tribuna

Aquellos días de enero

Diversos actos recuerdan que, hace cien años, las mujeres malagueñas se ganaron el respeto de las autoridades demostrando una capacidad de movilización desconocida hasta entonces

VÍCTOR M. HEREDIAHISTORIADOR

El 15 de enero de 1918 el diario malagueño 'El Regional' dedicaba toda su portada a una noticia bajo un llamativo titular a seis columnas: «La ciudad a merced de las mujeres». Los subtítulos aclaraban algo más: «El problema de la vida. Una manifestación imponente pide remedio a la carestía de las subsistencias». 'El problema de la vida' era el del encarecimiento de alimentos básicos como el pan y el pescado, que constituían la base de la dieta de las clases populares malagueñas. Pero lo que, sin duda, más llama la atención es ese enorme titular: «La ciudad a merced de las mujeres». Quizás por vez primera las mujeres tomaban el protagonismo absoluto en una protesta ciudadana.

Los graves sucesos ocurridos en enero de 1918 han sido ampliamente estudiados por historiadores como Concepción Campos, Fernando Arcas y María Dolores Ramos. En los primeros días de aquel año el problema de la carestía de las subsistencias, provocado por los altos precios de los artículos de primera necesidad debido a la fuerte demanda de los países beligerantes en la Primera Guerra Mundial, se agravó con una nueva subida del pan. Entonces se produjo la inesperada respuesta de las malagueñas. El 9 de enero un nutrido grupo de mujeres, formado por unas ochocientas faeneras, se manifestó por las calles y logró que el gobernador se comprometiera a solucionar el elevado precio del pan y el pescado y a restringir las exportaciones de productos básicos. El grado de movilización femenina fue en aumento en las siguientes jornadas, hasta el punto de que el propio Ayuntamiento se ofreció a mediar entre los intereses de la población y los de los productores y exportadores. En los medios se destacaba la sorpresa ante la pacífica y enérgica reacción de las mujeres: «La protesta femenina implica la intensidad del mal cuando alcanza el más alto grado, el más insoportable. No es frecuente que la mujer abandone sus menesteres domésticos, los cuidados peculiares a su sexo, para lanzar las protestas en el arroyo».

El crecimiento de la tensión desembocó en una asamblea multitudinaria en la que intervinieron líderes de las sociedades obreras y varias mujeres que estaban a la cabeza de los grupos femeninos: Concepción Mesa, Dolores Balaguer, Antonia Jaime y María Valdés. Se acordó celebrar una manifestación para exigir soluciones al problema de la carestía, que amenazaba la supervivencia de muchas familias. El día 14 por la mañana algunos grupos se encargaron de requisar cargas de pescado y patatas para venderlas en Pescadería y en el Mercado Central, entregando el importe de su venta al gobernador como muestra de su honradez. Al mediodía las mujeres procedentes de los barrios se reunieron en la Alameda de Colón y a continuación se dirigieron en manifestación hasta la Alameda y la Plaza de la Constitución, portando carteles que decían: «Abajo la carestía de subsistencias», «Queremos pan a cuarenta céntimos», «Vivan las mujeres unidas». En la Aduana, el gobernador se entrevistó con una comisión y se limitó a recomendar que se disolvieran.

Al día siguiente miles de mujeres, cientos de ellas procedentes de los partidos rurales de la ciudad, se volvieron a concentrar en los puntos céntricos. Poco después comenzaron las primeras cargas de la Guardia Civil en la calle Larios y la Acera de la Marina. En el muelle hubo una cuando varias mujeres abrieron sacos de harina. Las cargas de la caballería se repitieron en la Alameda y el Parque y el trágico balance del día fue de cuatro víctimas mortales por arma de fuego (de las que dos eran mujeres) y dieciséis personas heridas. En los días siguientes la ciudad estuvo tomada por el Ejército y la Guardia Civil, y el gobernador prohibió las manifestaciones y las reuniones de más de tres personas, aunque no pudo evitar una huelga general que duró cinco días.

Estos sucesos tuvieron un amplio eco en los medios nacionales. El caso malagueño no fue único, ya que motines similares tuvieron lugar en otras ciudades españolas en esos difíciles años, aunque no con consecuencias tan trágicas. Pero aquellos días de enero pusieron en evidencia el funcionamiento en momentos críticos de 'redes femeninas' de solidaridad, que fueron capaces de paralizar la ciudad y poner en jaque al poder político. Como ha indicado Concepción Campos en su estudio sobre estos sucesos, fue un movimiento espontáneo, solidario y sin liderazgo reconocido, un ejemplo de lo que el historiador británico Edward P. Thompson denominó la 'economía moral de la multitud' o de los pobres. Diversos actos recuerdan durante estos días que, hace cien años, las mujeres malagueñas se ganaron el respeto de las autoridades demostrando una capacidad de movilización desconocida hasta entonces. Todo un hito en la historia de las mujeres en la ciudad.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos