Aquel/este verano

El verano en que nos convertimos en puerto internacional del español

JESÚS NIETO JURADO

Es verano. Como otros veranos. Como siempre que media la estación. Ahí anda el concejal arremangado en cuantos actos festivos haya que comparecer, el alcalde ubicuo de verbena en verbena, de peña en peña. La tragedia infantil encogiéndonos el corazón a la orilla de una vía, entre las cañas y los naranjos del valle del Guadalhorce, y toda una sociedad que se conmueve, se cuestiona, y nos hace creer, de nuevo, en el ser humano. O el olor lanzado al aire de los jazmines dulzones de doña Úrsula que contó Antonio Soler en 'El camino de los ingleses'. Ya media verano y el terral nos ha respetado, quizá sea porque vino la reina Letizia, de rojo ceñido, a 'cervantear' la ciudad de las mil tabernas y las ahora confortables y muchas librerías. Y también las novilladas que preceden a la Feria, con el maestro Trujillo, vecino en estas páginas y vecino en el tendido; allí donde las gaviotas sobrevuelan el cielo y el albero en el largo prólogo a la Feria.

Es verano como otros veranos, claro está, y se vio a Susana Díaz con camiseta negra y millenial ponerle un poco de sentido común a la 'plurinopia' de Sánchez, porque fue el 28 de febrero y fue el 4 de diciembre. Llega el agosto augusto y lento del poeta, arden las redes, que diría Soto Ivars. Barcelona ya no es la 'rosa de foc', ni siquiera un recuerdo olímpico de sana catalanidad.

Ahora se ve cierto barullo por el Muelle Uno. Unos niños saudíes, tan gamberrillos como los nuestros, hacen 'el gamba' en una patineta eléctrica, y más adelante se nos abre el Instagram/Palmeral de las Sorpresas. Este verano en Málaga, que escribiría Manuel Alcántara, hay muchos que vienen, otros se van. Se va al lejano Egipto nuestra Silvia Grijalba, a darle prosa y modernidad hispana a un país que desde Moix hasta aquí anda en cierta involución. Pero también vienen algunos conocidos que se han pateado el subcontinente asiático y quieren volver desde Barajas a Málaga por menos de 12 euros. Hay algunas fiestas en esos áticos del Centro que nos sorprenden, por lo íntimo y lo alto. Desde una terraza el verano se lleva mejor; mi amigo Teorías no ha abierto aún su azotea por calle Madre de Dios, pero tiene otras prioridades antes que ese relax un tantito zen de las terrazas.

Cuando es verano, a pesar de los temporales, a pesar de los pesares, se ve que dentro de los márgenes de lo posible y lo imposible se han hecho bien las cosas. Pero como avisó ayer nuestro director es preciso «ponerse en serio» a cuidar el turismo: ya se sabe que un mal comentario en una web, el aleteo de la mariposa de un viajero cabroncete, puede dilapidar esta Málaga que entre todos queremos convertir en puerto internacional, en capital marítima, del español.

Es verano, pero no para la rotativa ni la Málaga pujante que llevamos dentro. Corazón y papel. Latiendo entre el café que hay y el cartojal que vendrá.

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