12 años

Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

Con lo que ha caído en los últimos años hay motivos para darle la razón a quienes consideran que son pocos los políticos que han pasado por la cárcel, pero hace 12 años, cuando Juan Antonio Roca y buena parte de la corporación municipal de Marbella fueron enviados a prisión, aquella era casi una escena inédita. Siempre quedará una duda ¿El hielo de la impunidad para los delitos cometidos desde las instituciones se hubiese roto de esa manera si quienes saquearon el Ayuntamiento de Marbella durante casi 15 años hubieran contado con el paraguas protector de alguno de los grandes partidos?

La realidad, más allá de especulaciones contrafácticas, es que estos ladrones pertenecían al GIL, y fallecido el líder que se codeaba con jueces y ministros en el palco del estadio Vicente Calderón el suyo era el eslabón más débil de la cadena de la corrupción institucional. Los años de inmunidad, de desidia judicial y de complicidad política, habían quedado atrás y los herederos de Jesús Gil no supieron verlo. Nunca se sabrá si la 'operación Malaya', al menos a los peces más gordos, los cogió realmente por sorpresa, aunque lo que seguramente sí los habrá sorprendido es la dimensión y el alcance que adquirió aquello. Ni en sus peores pesadillas podían imaginar los años de pena de banquillo y mucho menos los que han pasado tras los barrotes.

La 'operación Malaya' sucedió hace 12 años y desde entonces hemos visto desfilar por los juzgados a políticos de todos los colores y hasta a miembros de la Familia Real. No hay como intentar recordar lo que conmocionó aquella operación y en lo que ha quedado cuando se la compara con lo que vino después para apreciar cuál fue el acontecimiento que inició un cambio de época en la cultura política española.

Juan Antonio Roca acaba de recuperar la libertad. Habrá quien, quizás con razón, considere que es poco tiempo si se evalúa el daño causado. Pero si tomamos en cuenta que en todo este tiempo hemos visto cambios de gobierno, el final del bipartidismo con la aparición de dos nuevos partidos, un relevo en la Corona, la llegada de un presidente negro a la Casa Blanca y de un cardenal argentino al Papado, la peor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial, la mayor y más larga depresión económica que se recuerde, la aparición de los teléfonos inteligentes y la irrupción de las redes sociales en nuestras vidas cotidianas, y que todo ese tiempo Roca lo ha pasado en la cárcel, quizás podamos concluir que no se puede decir que en Marbella haya habido impunidad. Deberíamos felicitarnos por eso.

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