25 años de AVE

MANUEL VILAS

Hay dos Españas: la que tiene AVE y la que no lo tiene. El AVE cambió España. Parece que nos hemos olvidado de que hasta 1992 los viajes españoles en tren duraban muchas y largas horas o incluso días. Hace 25 años que, gracias al AVE, Madrid y Sevilla se volvieron ciudades cercanas. Poco a poco el AVE se extendió por todo el país. La geografía española perdió su aridez y su inaccesibilidad. Y el AVE ha servido para que los españoles disfruten de su país. A Zaragoza, a Málaga, a Córdoba, a Valencia las cambió el AVE. Y el AVE Madrid-Barcelona pulverizó las distancias geográficas. Málaga y Barcelona se volvieron también ciudades cercanas. Y el avión dejó de tener sentido en España. Si tuviéramos que elegir la gran infraestructura española de las últimas décadas nadie dudaría: el AVE.

A mí me encanta viajar en AVE. Porque el AVE es tener la certeza de que vas a llegar siempre pronto y a tiempo. Y me gustaría que el AVE fuese más barato. A día de hoy, el tren de alta velocidad es un medio de transporte que pocos se pueden permitir en España. Se ha vuelto un tren caro. Los precios del AVE no están en consonancia con los salarios españoles. Un AVE Madrid-Málaga ida y vuelta sale por los 140 euros; Madrid-Barcelona puede alcanzar los 200 euros. La única forma de conseguir ofertas razonables se basa en la clarividencia, en la adivinación de tu futuro. Es decir, en saber que vas a hacer un viaje Madrid-Barcelona con tres meses de antelación. Si no eres adivino, el AVE solo se lo pueden pagar los políticos y los ricos. Desde luego, no la clase media. La clase media española ha vuelto a viajar en autobús, o ha descubierto el Bla Bla Car. Las compañías de autobuses están espabilando, y desde hace tiempo ofrecen la clase Supra, que es un autobús con cierta sofisticación. Los autobuses Supra se han convertido en la solución económica para muchos viajeros. Un billete en Supra Madrid-Zaragoza está en torno a los 23 euros, frente al AVE que cuesta unos 46 euros. Es decir, la mitad de precio. Los sillones de un autobús Supra son anchos y cómodos y tienen conexión Wifi. El AVE, inexplicablemente, no tiene Wifi. Los autobuses Supra heredan la forma de entretenimiento típica de los aviones y proporcionan al viajero una pequeña pantalla con películas. Eso sí, no son grandes películas, demasiada serie B.

El AVE tiene una dimensión cultural. Es velocidad y conocimiento al servicio de la gente. El AVE rompió la idea de una España inaccesible y acabó con el mito romántico y decimonónico de un país varado en geografías remotas y alejadas de Europa. Por eso, hay una responsabilidad del Estado en posibilitar un AVE al alcance de todos los bolsillos. El AVE no puede caer en manos de los turistas con dinero o de los privilegiados. Porque el AVE lo hemos pagado todos los españoles, incluidos los españoles pobres, que somos millones.

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