NO, NO SEAS ANIMAL

Lalia González
LALIA GONZÁLEZ

Si algo demuestra que hacía falta una campaña como #NoSeasAnimal, que acaba de poner en marcha el Instituto Andaluz de la Mujer, es la polémica que la acompaña. Ha levantado ampollas porque se ha interpretado como que «la Junta» está en contra de «los piropos». Se trata, como es fácil de comprobar a poco que se atienda los anuncios, de un rechazo puro y duro del acoso a las mujeres en las calles por parte de los hombres. Va dirigida en especial a los jóvenes y se pone en marcha ahora que empieza el calendario de fiestas, con primera cita en el Carnaval, donde estas situaciones van a más, incluso hasta el delito, como se ha visto, por ejemplo, en los sanfermines.

Es llamativo que se confunda el piropo con el acoso. Una cosa es la galantería y el cortejo y otra es coartar la libertad de las mujeres. El vídeo de la campaña muestra bien claro a jóvenes que se abalanzan sobre las chicas que pasan, que les dicen borderíos, que las acogotan. Parece que para muchos ha sido una sorpresa que eso sea una conducta reprobable, cuando han sido educados, socializados, en esas prácticas. Pero ¿qué les pasa por la cabeza a esos tipos que se consideran con el derecho, y hasta la obligación, de invadir el espacio, la tranquilidad, la intimidad, de una mujer que pasa, y de opinar sobre su cuerpo, su vestido, su persona?

Por eso pienso que la campaña es útil, o más bien utilísima: diferencia piropo de acoso, sitúa a los hombres frente a unas prácticas que han de detectar y abandonar, para construir lo que el profesor Octavio Salazar llama «la nueva masculinidad». A nosotras, a la vez, nos parece que ya tarda el momento en que podamos caminar por las calles sin tener activado el radar de «peligro, hombres», ese que nos lleva a cambiar de acera cuando vemos algún grupo, a llegar a casa por las noches dispuestas a defendernos de un potencial agresor y tantas costumbres que hemos interiorizado de manera atávica, con una normalidad que asusta.

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