El ángel exterminador

Alfredo Taján
ALFREDO TAJÁN

Abadón, el ángel exterminador, aparece en la Biblia como dueño del abismo. Este ángel es un demonio que trae consigo fuerzas oscuras y demoledoras. Moisés lo invocó para que inundara Egipto con lluvias interminables. 'El ángel exterminador' también fue el título que le puso Luis Buñuel a una de sus películas más famosas de la etapa mexicana. El título se lo prestó el poeta José Bergamín en un ataque de rabia, venganza y veneno. A pesar del éxito de su trabajo anterior, la placeada 'Viridiana', Buñuel no consiguió una producción holgada para su revulsivo y ácido guión. En sus memorias, 'El último suspiro', confiesa que se equivocó rodándola en México en 1962: «Tendría que haber rodado en París o en Londres, que son ciudades con el estilo de la alta burguesía que yo deseaba retratar descarnadamente»; la verdad es que no se nota, desde la elección de actores -otra vez, siempre, la gélida rubia Silvia Pinal- hasta los interiores claustrofóbicos de la mansión de calle Providencia vienen como anillo al dedo para desarrollar la apología del mal. El encono surrealista de Buñuel alcanza su cúspide a través de situaciones paroxísticas sostenidas por bromas de trazo grueso y obsesivo. Este ángel con aroma de cloaca incorpora imágenes trufadas de odio contra el discreto encanto de la burguesía y de su aliada la Iglesia católica, a la que, como saben, Buñuel consideraba la causa de todos los males del mundo. El argumento originó un escándalo en su época, muchos intermediarios se identificaron con aquella fiesta perpetua que al final se convierte en un debate caníbal e hicieron todo lo posible para que no se distribuyera, pero en Europa, que en la década de los sesenta del pasado siglo se deslizaba a posiciones progresistas, fue muy bien acogida. En la España tardofranquista se prohibió hasta 1968, pero no sufrió amputaciones como 'Belle de jour', se exhibió milagrosamente íntegra.

Todo el mito de 'El ángel exterminador' lo heredó Blanca Portillo cuando acometió la versión teatral estrenada el pasado 18 de enero en el recoleto Teatro Español. En realidad, los golpes de efecto escatológico se duplican, al igual que los ideológicos, con la aparición de una inquietante tricotosa del 15M; Blanca Portillo ha casado a los personajes con el signo de los tiempos que nos ha tocado vivir, incluso la clase pudiente que se dibuja es más salvajemente especuladora que en la versión original. El servicio doméstico huye sin dar explicaciones, despavorido por el drama que se masca en el aire, nada más empezar la función la servidumbre se está yendo, haciendo gala de una pavorosa dejación. Y es que nadie escapa a la acusación de fraude, ni siquiera la veintena de actores, un coro de hombres y mujeres que se estrellan contra el cristal invisible de su impotencia. Al final las máscaras están a punto de caer pero se salvan con el oscilante incensario que anuncia al obispo que dice misa a unos compungidos feligreses, entre los que destaca la impactante presencia del malagueño Juanma Lara, un actor de carácter donde los haya.

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