Andalucía y la Humanidad

José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

De pronto Ardales en el mapa mundi de la ciencia y en las primeras páginas en las que el hombre blanco, que ahora nos cuentan que no llegó de Africa, empezó a escribir el presente. La mejor campaña promocional de Ardales ha empezado con 'Science' y el eco del estudio que adelanta el calendario de la inteligencia emocional unos 20.000 añitos de nada. Los hallazgos sin mandar chatarra al espacio son cada vez más complicados en este viejo planeta, y por eso una novedad de tamaño cósmico sobre nuestro pasado toma rango casi de onda gravitacional. Los científicos se ponen de acuerdo. Llevamos solitos garabateando el futuro unos 65.000 años y no 40.000, que es algo que nos da ánimos como especie aunque subjetivamente sea un tiempo corto a ojos de un pensionista congelado. La fiesta de la matanza como moderno reclamo etnográfico de Ardales se achica ahora ante un descubrimiento jamón jamón que remueve los pilares de la prehistoria y nos acredita como cuna de Europa, y no solo su hamaca preferida. No son cuestiones incompatibles porque nada humano ni humanizado como las aportaciones del cerdo, la ciencia o el turismo nos deben ser ajenas. El hallazgo sobre la edad de nuestros primeros semejantes en inteligencia y emociones nos reafirma en esa certeza hasta ahora erróneamente sapiens de haber nacido en la mejor parte del mundo, la misma que ya eligieron los que no podían decidir entre cueva ya hecha y adosado en primera línea sobre plano. Nada como recrearse con la noticia y una cerveza al sol de febrero, con más razón si se es paleontólogo, sabiendo además que el ombliguismo de los que vivimos en el sur pasa de lo empírico al aval científico que acredita su origen en la noche de los tiempos. Lo de Andalucía por sí para España y la humanidad cobra ahora una sorprendente dimensión en nuestro calendario político y emocional. Ni Blas Infante lo podría haber imaginado en sus mas ardientes devaneos con la paleopoesia. Hay una trilogía autonómica -Andalucía, Cantabria y Extremadura- que acredita en sus cuevas el paso de los primeros creativos compulsivos y carroñeros por necesidad. Estamos de fiesta junto a los paisanos de Ardales, incorporado de lleno como parada y fonda del grand tour por el bosque genealógico de las sorpresas de la especie. El destino, sin embargo, estaba al acecho y de nuevo los andaluces apenas ponemos materia de estudio y magro presupuesto. No hay apenas presencia andaluza a en el equipo internacional de científicos, casi ningún acento meridional en este eureka que jibariza injustamente nuestro peso académico. La paleontología no da votos pero si no la hacemos ni la pagamos desde aquí vendrán otros europeos evolucionados a escribirla, ahora que ya tenemos el guión. Extraños en el túnel del tiempo y en el furgón de cola, el día de Andalucía es ya el día de Europa, una fiesta a proteger tanto como nuestras cuevas y a tanto científico percario en taparrabos.

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