ANDALUCÍA FRENA EL DECLIVE DEL PSOE DE SÁNCHEZ

Susana Díaz, tras el debate el pasado miércoles. /Raúl Caro. Efe
Susana Díaz, tras el debate el pasado miércoles. / Raúl Caro. Efe

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

LA cara de satisfacción de Susana Díaz tras el debate sobre Andalucía este pasado miércoles, y la pasmosa tranquilidad con la que lo afrontó, guarda un pequeño secreto. Se debe a algo más que la desorientación de sus contrincantes. Y antes de desvelarlo, un inciso: Salvo la presidenta y el líder del PP, Juanma Moreno, los demás no entendieron que un debate de tantos minutos en una tribuna y retransmitido por las televisiones es una oportunidad que no hay que desaprovechar para vender un proyecto o una idea o una propuesta. Haya o no adelanto, las elecciones están a la vuelta de la esquina. Teresa Rodríguez, Juan Marín y Antonio Maíllo se centraron más en sacarle feos a la gestión de Susana Díaz que en exponer sus propias alternativas. Convirtieron el debate general sobre Andalucía en una sesión más de control a la presidenta, pero con más minutos de reproches. Hicieron balance, pero no miraron hacia el futuro. Y resultó del todo paradójico cuando todos ellos trabajan ya como si las elecciones fueran mañana.

Ahora ya sí , al secretillo: Susana Díaz llenó su discurso de anuncios para dar la impresión de que aún queda mucho por hacer esta legislatura y desviar el foco de la fecha electoral, pero también supuso algunas pistas sobre su programa electoral, en el que volverá a volcarse, como el PSOE ha hecho siempre en Andalucía, en políticas del bienestar social. Una estrategia basada en que el electorado andaluz se siente mayoritariamente de centro izquierda y en que no hay que dejar hueco ni por la izquierda ni por el centro.

Una fórmula que no ha fallado en 36 años, como demuestra que es por donde más le atacan PP y Podemos (en las políticas de sanidad y educación) y Cs (pequeñas empresas, mayoritarias en Andalucía), pero, sobre todo, como dejan en evidencia las urnas y las encuestas. El debate se desarrolló al calor del último sondeo del CIS, pero también casi en el primer aniversario del intento fallido de Susana Díaz de dirigir el PSOE, cuya militancia prefirió a Pedro Sánchez. Ambas cuestiones eran avioncitos volando sobre el debate.

Según el barómetro del CIS, seis de las provincias en las que ganaría el PSOE en unas generales son andaluzas El que no haya acuerdo presupuestario para 2019 no interferirá en la fecha de las elecciones

Según la encuesta de abril del CIS, el PSOE sigue perdiendo simpatía electoral y por tercer barómetro consecutivo no termina de despegar. Todo ello cuestiona que aquella apuesta de la militancia no concuerda del todo con los 5,424 millones de votantes que ahora sostienen sus 85 diputados, de los que 20 son andaluces. Una apuesta de un sesgo muy a la izquierda que dejó el centro a merced de Ciudadanos, como se desveló en las elecciones catalanas de diciembre, apuntan desde las filas del PSOE-A. También en el sur se achaca el declive (amortiguado por el batacazo del PP) a los bandazos de la dirección socialista.

El estudio demoscópico desvela, cuando se haga del todo público, que el PSOE solo resiste en Andalucía y Extremadura. En unas generales ahora, el PSOE sería primera fuerza en Cáceres y Badajoz y en seis de las ocho andaluzas, todas menos Almería y Málaga, donde PP y Cs se disputan la hegemonía. Ni siquiera en la Comunidad Valenciana y Castilla la Mancha, con gobiernos socialistas, el PSOE remonta. En estas comunidades Pedro Sánchez ganó las primarias. No así en Andalucía, en la que barrió Susana Díaz.

Hay que recordar que en las generales de junio de 2016 el PP ganó en Andalucía en su conjunto y por votos en seis de las ocho provincias. Solo en Sevilla y Huelva lideró el PSOE. Esta comunidad aparece dos años después, según el barómetro, como el gran sostén del PSOE junto con Extremadura en un panorama de debacle del PP a favor de Ciudadanos. Se muestran así como los territorios que mejor han frenado el avance del partido de Albert Rivera hacia el espacio de votantes de centro que se repartían PP y PSOE. Una de las razones, explican fuentes de este partido, puede estar en no haber abandonado el centro izquierda de toda la vida, además de la posición sin complejos de Díaz frente a los secesionistas catalanes.

Si el barómetro del CIS arroja estos datos para las generales, para las andaluzas pueden ser mejores aún. Revelan que Díaz no tiene que temer el avance de Cs a su costa pese al pacto de investidura-legislatura. Le da margen para convocar con tranquilidad las elecciones. Y Díaz convocará las elecciones cuando sean aprobadas varias leyes clave de su mandato, como la que blinda la sanidad pública, la que mejora la igualdad de género o pone coto a la trata de blancas. Formarán parte de su balance para el cartel electoral. Se ha tomado en serio lo que tantas veces le requiebra Antonio Maíllo, que su legado como presidenta esté vinculado a las políticas de igualdad.

Y aunque nos empeñemos en mirar a Cs y al Presupuesto de 2019 como desenlace del adelanto a noviembre, es un asunto baladí. Se trata de solo tres o cuatro meses de Presupuesto prorrogado si no hay acuerdo. Y algo que nadie parece tener en cuenta: Marzo siempre ha sido un mes talismán para el PSOE andaluz. Las primeras andaluzas celebradas en este mes fueron las de 1996, adelantadas por cierto cuando Chaves no pudo aprobar las cuentas en el bienio de la 'Pinza'. Desde entonces siempre fueron convocadas en marzo.

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