Alianzas

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Torremolinos se ha aliado con otros siete destinos pioneros, como Salou o Benidorm, para renovar su modelo turístico, que hunde raíces en el maná de sol y playa, una combinación que ha perdido encanto y ha ganado complejos en las últimas décadas; la revista Litoral, en un número especial, recuerda que en los años setenta su oferta añadía otro reclamo: «sun, sea and sex». Sonaba mejor que el cacareado «segmento de sol y playa» actual. Poco más que la nostalgia queda de aquel mítico barrio marinero capaz de desafiar las estrecheces franquistas, aunque su liderazgo turístico permanece imbatible a nivel autonómico. La nueva alianza encabezada por Torremolinos, una iniciativa que podría haber quedado reducida a una ráfaga de humo más, evaporada entre la maquinaria promocional que los ayuntamientos activan con frecuencia y fortuna desiguales, constituye una excelente oportunidad para la localidad malagueña. Entre los ocho destinos firmantes suman cerca de cincuenta millones de pernoctaciones, un dato que empodera sus reivindicaciones ante las administraciones superiores, a las que solicitan ayudas y la lógica modificación del techo de gasto para afrontar inversiones en municipios que sobre el papel cuentan con servicios públicos articulados para poblaciones menores de 75.000 habitantes pero que, en realidad, atienden a cientos de miles de personas, cuando no millones, cada año.

La industria turística española ha encadenado en los últimos años varias temporadas excelentes, con cifras almibaradas que invitan a dejarse mecer hasta dormirse en los laureles, pero basta un análisis fugaz al sector para vislumbrar amenazas como la recuperación de la normalidad en destinos competidores directos, hasta ahora lastrados por inestabilidades políticas y crisis migratorias, o las tensiones internas derivadas de la precariedad laboral del empleo turístico o la expansión de nuevas formas de alojamiento en muchos casos aún sin regular. Es, por tanto, el momento idóneo para realizar diagnósticos comunes, más certeros que los aislados, y trazar estrategias colectivas. A la jornada acudieron los alcaldes de otros siete destinos pioneros y cerca de una veintena de ponentes que pusieron sobre la mesa retos e inconvenientes pero también posibles soluciones para evitar acabar muriendo de éxito, y en cierto modo resultó reconfortante constatar que Torremolinos, a menudo arrinconada por la irresolución de los problemas derivados de la gestión diaria más básica, era capaz de esquivar la autocomplacencia para hablar de futuro. Porque lo necesita. Para regocijarse en su libertario pasado, mejor acudir al delicioso número de Litoral: 'Torremolinos, de pueblo a mito'. Imprescindible.

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