Alianza contra-natura

Golpe de dados

Alfredo Taján
ALFREDO TAJÁN

Queda un sabor amargo, que se repite hasta la saciedad, en la Historia de esta nación que todavía se llama España, sin que sea, o deje de ser, quien pronuncie el nombre de España, más o menos de izquierdas. Si así fuera faltaría barro después de tanto lodo, faltarían los antiguos estados de Europa para que se pusiera de una vez ese sol inmenso que amaba, paradójicamente, buena parte del exilio republicano como Azaña, Indalecio Prieto, Sánchez Albornoz o Salvador de Madariaga, entre tantos otros, porque entiendo que las gentes progresistas siempre fueron internacionalistas y jamás de los jamases 'nazionalistas'; ese sabor amargo, de escuela peripatética, atenta contra la libertad de opinar de quien tenemos enfrente, al que se demoniza, cual si fuera un miserable súcubo, porque no hay método más ladino que adulterar un reglamento parlamentario, pactado hace ya muchos años por fuerzas políticas de distinto color, prohibiendo, además, sin nocturnidad y con mucha alevosía, enmiendas a la totalidad, y oiga, las enmiendas parciales vaya preparándolas y rapidito. La realidad es que el pleno del Parlamento catalán ha escenificado un juego malabar que intenta ocultar la vulneración del estado de derecho, como si se tratara de borrar los rastros del crimen que se quiere cometer contra un régimen democrático consensuado en el ya lejano 1978 a través de una Constitución refrendada por todos y para todos. Qué razón tenía Josep de Sagarra, cuando en las páginas de su gran novela 'Vida privada' describió crudamente el arribismo sin escrúpulo de una burguesía que, en su descenso al abismo ideológico, le da igual yacer con quien sea y como sea, con tal de mantener negocio, dinero y palco. A pesar de todo, no se les puede desear un efecto bumerán, aunque, me los conozco, en su lento declinar entonarían letanías, no de arrepentimiento, sino de una nueva usura adaptada a los nuevos tiempos. Porque me pregunto qué tiene que ver el nacionalismo catalán y el romanticismo europeo, conexión que tanto ha servido para justificar otros nacionalismos y que tantas páginas, no solo literarias sino también filosóficas, ha dado a la cultura occidental en estos últimos tres siglos. Voy más allá, si nos ponemos a comparar, y las comparaciones son odiosas, mucho más idealista es el nacionalismo vasco, a pesar de sus 'desafueros', que las extrañas amalgamas de un 'seny' que, desde hace unos años, viene orientando la política catalana hacia las distintas gamas de un sutil matonismo.

Y continúo preguntándome: ¿es que acaso la Lliga Catalana no apoyó, y colaboró, con Primo de Rivera o Alejandro Lerroux no fue un todopoderoso ministro en el bienio de Gil-Robles? Y si nos ponemos más inquisitivos, ¿es que acaso Els somatens barcelonés se sostuvo con dinero caído del cielo? Por estos motivos, la alianza de los restos del pujolismo y su antigua bestia negra, la izquierda independentista, me parece una alianza contra-natura, como el mismo Procés tal como se está planteando. Qué le voy a hacer si yo... soy constitucionalista.

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