Alcántara y Garrido

Carta del director

Manuel Castillo
MANUEL CASTILLOMálaga

Dijo ayer Manuel Alcántara, a sus 90 años y tres meses, que lo importante no es durar, sino vivir. Y él está viviendo mucho; cada día como si fuese el último, sin querer esperar ni resistir; tan sólo avanzar, aunque sea a paso lento y cansino. Es extraordinaria su lucidez y la fortaleza de su ahora frágil cuerpo, empeñado en ese vivir más que en durar, aunque esté durando mucho; y por mucho tiempo. «Es curioso, porque lo primero caliente que entra en mi cuerpo muchos días es un dry martini helado», confesaba como el que se siente agradecido por ser y por estar. Agradecido a los años y a su hígado. Nos lo dijo ayer minutos después de recibir la Encomienda de la Orden de Alfonso X El Sabio, mientras se fumaba un Ducados, se bebía una cerveza y recordaba a compañeros como Cronos, Sardina o Castillo en Marca y también a púgiles de la época. «Aún hay taxistas en Madrid que me recuerdan por las crónicas de boxeo. Fíjate», rememoraba tras una retahíla de nombres y combates que en su voz profunda y quebradiza suenan como poemas del cuadrilátero, como rimas de una cuenta atrás. «Porque yo lo que siempre he sido y soy es un periodista». Y eso, dicho por un poeta, es un orgullo para este oficio.

Ayer, cuando tomó la palabra, realizó una exaltación de españolidad, de España como asidero moral y vital. Como si quisiera aconsejarnos y advertirnos de que la identidad no es una bandera, sino un proyecto común, «porque os doy las gracias a todos vosotros; porque vosotros sois España».

¡Qué bonito y grandioso hubiera sido ver ayer a Antonio Garrido recoger también su Encomienda de Alfonso X! ¡Y escucharlos a los dos mano a mano! Recreándose ambos en la palabra, en la entonación, en la selección sutil y certera de cada verbo y cada adjetivo. Fue su viuda, Sonia Hurtado, quien recogió este galardón póstumo con unas palabras llenas de admiración, amor y emoción hacia Antonio.

Nadie como su familia le echará tanto de menos, pero todos nosotros nos acordamos cada día de él; compañero de SUR, profesor, político, escritor, cofrade, pregonero, gestor y, sobre todo, buena persona. Un grande de la Cultura, un peso pesado de la amistad.

La Orden de Alfonso X El Sabio permitió ayer volver a ver a Alcántara y recordar a Garrido. Y sólo por ello mereció la pena, porque en la vorágine del día a día quizá nos empeñamos en durar, en hacer y en correr y nos olvidamos de vivir. Y vivir es también escuchar a los grandes, a los que tienen cosas que decir y que luego, como dice don Manuel, se marchan sin rencor, si pedir nada. Por no pedir, ni siquiera pedir perdón. Y a vivir, que son dos días.

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