El alcalde, acorralado por prohibir entrenar a niños

No es aventurado decir que el alcalde de Málaga jamás hubiera pensado que uno de sus mayores quebraderos de cabeza sería el entrenamiento de unos niños que juegan al baloncesto. La multa impuesta a dos colegios por los ruidos causados ha saltado a todo el país, donde se señala a la capital malagueña como un sitio donde se impide jugar a estos chavales. Y no es del todo cierto. La decisión afecta a sólo dos colegios y está motivada por las denuncias vecinales, que nadie duda que tendrán sus razones acústicas para hacerlo. Pero no se puede estar sentado y de pie al mismo tiempo. La ordenanza no permite mirar para otro lado, aunque seguramente será lo que ocurrirá con el recurso que plantee la Junta de Andalucía, que a la postre es la que tiene que pagar la sanción, porque los entrenamientos se hacían en dos de sus colegios. Se habla mucho del convenio, como si esto asegurara a estos chicos entrenar con total impunidad. Y no es así. Si hay algún vecino 'pejiguera' se volverá a abrir un expediente sancionador, porque así se lo permite una ley que impone unos niveles de ruidos incompatibles con actividades tan normales como la práctica del baloncesto. Pero es lo que hay. La única solución pasa por insonorizar colegios, algo para nada barato, y firmar un convenio no ya para permitir que los niños jueguen más horas, sino para repartirse las responsabilidades ante las multas. O sea, que el Ayuntamiento sea el que tenga que pagar sus propias sanciones. Al tiempo.

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