Agresiones sanitarias

ÁNGEL ESCALERA

Pegarle al que puede salvarte la vida evidencia tener cortas las entendederas y largas las manos. Perder los nervios no es excusa para soltar tortazos a diestro y siniestro cuando se acude a un centro sanitario. La masificación en las consultas o en urgencias, el aumento de las listas de espera o las demoras para ser asistido, por mucho que perjudiquen a los pacientes, no autorizan a decir, como Mazinger Z, puños fuera. Hay que permanecer dentro de la ley; vulnerarla puede salir muy caro. Y eso la gente debería valorarlo antes de comportarse como una acémila, o sea, como un mulo. El Colegio de Médicos de Málaga está desarrollando una campaña de concienciación cuyo lema deja claro cuál es el motivo de la iniciativa: 'Respétame. Soy tu médico. No me agredas, no me insultes. Es delito'. Cuando la cuerda se tensa siempre se rompe por el lado más débil. El que da la cara atendiendo a los pacientes es al que se la parten. La fiel infantería sanitaria es la que paga el pato de la ira de enfermos y familiares con aficiones boxísticas. La razón se pierde cuando se recurre a la violencia. Es cierto que hay muchas cuestiones que mejorar en la sanidad pública, pero los problemas no se van a resolver a golpes. Desde luego.

Por sexos, las médicas sufren casi el doble de agresiones que los facultativos en el ejercicio de su profesión. Como hay gente que no escarmienta en cabeza ajena, impedir que no haya más episodios violentos en centros de salud y hospitales es como pedir que llueva para acabar con la sequía. Sin embargo, para reducir esas conductas inaceptables, y ponérselo más difícil a los que no saben comportarse, el SAS tiene la ineludible obligación de incrementar las medidas de seguridad. Y, por supuesto, hay que apoyar legal y psicológicamente a los profesionales que son objeto de una agresión. Por si no hubiera ya bastante con la violencia física y verbal, las redes sociales son otro vehículo para insultar y amenazar a médicos, enfermeros y demás categorías. Facebook y Twitter son utilizados por algunos para descargar su rabia y mala uva en los profesionales de la sanidad, que tienen que aguantar que sujetos que se escudan en el anonimato, resguardados en la maraña de Internet, les llamen de todo menos bonito. Dicen que no hay que morder la mano que te da de comer. Pues lo mismo debería suceder con el que tiene como misión velar por tu salud. Los juicios rápidos y las condenas impuestas por los jueces son un método efectivo para que los violentos se lo piensen dos veces antes de agredir a un sanitario.

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