Agenda, al fin, andaluza

Lalia González
LALIA GONZÁLEZ

Vuelve la agenda andaluza a la política andaluza. Aunque parezca una paradoja, los dos últimos años, por lo menos, nos los hemos pasado en el alambre de la transitoriedad, en la espera del 'AVE a Madrid', que ha sido como Godot y al final no ha aparecido. De modo que la presidenta de la Junta, Susana Díaz, se reprograma y retorna descansada, recuperada y con mucho brío, dicen quienes la frecuentan. Hasta -se apunta- menos sobrada.

Desde que perdió las primarias socialistas frente a Pedro Sánchez, Díaz viene trabajándose un cambio en su imagen y su política de comunicación, con un nuevo portavoz, el periodista Juan Carlos Blanco, llamado a realizar un papel nada menor en este segundo tiempo del 'tiempo nuevo' con que se bautizó su llegada a la Presidencia andaluza. De ahí la primera sorpresa, su comparecencia en una rueda de Prensa tras el Consejo de Gobierno para abrir el curso político, que era reclamada sin éxito hasta la fecha. Se pudo ver entonces, en eso de lo no verbal que es el 80% del discurso, a una política más contenida y serena, que hasta ha pulido su expresión y renunciado a los latiguillos de que tanto abusó, «dejar la piel», «arrimar el hombro», etc. y que se esforzó por evitar la sombra de distancia con su secretario general. El tiempo dirá cómo se desenvuelve esa pugna interna, viva aunque soterrada, pero de momento Díaz cumple al fin su mantra de 'centrada en Andalucía'. De todos modos no abandona el escenario nacional, sobre todo por la preocupación con que regresó de la manifestación del pasado sábado en Barcelona, donde se sintió en plena 'encerrona' independentista junto al Rey, Rajoy y toda la plana mayor del Estado. No abandona su contundente defensa de la unidad de España, a la que añade un deseo de colaborar, eso sí, desde Andalucía, en hacer frente al desafío del 1-O.

La bandera de la financiación autonómica que ha levantado para este inicio de curso es un asunto capital. Puede que de rebote le sirva para hacerse ver como 'baronesa', pero la cuestión es mucho más amplia, grave y crucial. Se trata de los recursos con que va a contar la comunidad para mantener los servicios públicos, es decir se trata de las cosas de comer.

Su reto es conseguir que Andalucía no salga mal parada del nuevo reparto de la tarta y para ello se ha lanzado a una operación política muy ambiciosa: poner de acuerdo a todas las fuerzas políticas, sociales, profesionales, para defender un trato justo para la comunidad. El desafío incumbe a toda la sociedad, si me apuran, más allá del tacticismo, porque como no salga bien, como se consagren las 'dos velocidades', todos saldremos perjudicados.

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