Adviento, tiempo de autenticidad

Rafael J. Pérez
RAFAEL J. PÉREZMálaga

Vista la ciudad desde la ventana del hogar se desliza el pensamiento. ¡Cuánta ciudad fuera y cuántos mundos en ella! Málaga celebra la llegada de la Navidad. En Adviento, en las semanas previas a la celebración cristiana de la Navidad, a Málaga y sus pueblos se le descubren una nueva cara: embellecida, nutrida, iluminada. Con cambios que gustan. Con expresiones más o menos acordes a la fiesta que llama a las puertas: el nacimiento de Jesús, el Nazareno. El profeta y poeta de Nazaret. Al que los cristianos reconocen verdadero Dios y verdadero hombre. El principio jurídico básico quien afirma, prueba es asumible perfectamente al ámbito religioso. También en Adviento y Navidad. La esperanza que los cristianos mantienen entorno a la venida de Cristo contiene una exigencia inherente que está llamada a traducirse en palabras, obras y vida; sueños, silencios y proyectos. En autenticidad. Los cristianos no solo centran el tiempo de Adviento en la entrada por la puerta de la historia y pobreza de Jesús en Belén, tierra de Judá, hace más de veinte siglos; sino que también esperan su segunda venida, la Parusía, al final de los tiempos. Precisamente por eso, los cristianos muestran que lo que se celebra y espera en Adviento es verdad. Y no solo en el plano espiritual, sino también social. Porque una fe sin encarnación o sin obras es fe vacía, incoherente. Porque hay refugiados, emigrantes, heridos en cuerpo y alma que necesitan respuesta; porque hay quien espera una respuesta solidaria. Cuando se viaja por Europa del norte, sorprende la enraizada tradición que en algunos países mantiene el Adviento. Es tiempo bello, tierno y cargado de esperanza. Araña negra del amanecer para quien lo pervierte cuando permite que el capitalismo lo asuma como propio. Paloma blanca al alba para quien busca custodiarlo en lo que de integridad puede llegarse a experimentar. Los problemas que acucian al mundo encuentran parte de su solución política en la inspiración genuinamente humana que propone el tiempo del Adviento: justicia, solidaridad, paz. Pero, ¿quién pondrá el cascabel al gato? Urge recuperar la espiritualidad, el encuentro con el silencio y la Trascendencia. Los pobres no pueden esperar, hay demasiado sufrimiento; hombres y mujeres no deberían vivir instalados en el materialismo, tarde o temprano se manifiesta como estéril; jóvenes y niños tienen derecho a un futuro en libertad, y no constreñido a los intereses mezquinos de algunos.

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