Adiós a las cabinas

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

Como el mundo avanza que es una barbaridad, el retroceso de una serie de negocios no tiene vuelta atrás por mucho que se mire hacia adelante. Por el camino del no retorno se quedaron las máquinas de escribir, que ya son objetos de culto para coleccionistas y cuyo último reducto de utilización, aunque también en declive, es la India. La competencia con el ordenador es imposible. En esta ocasión, David no tiene opciones ante un Goliat que ha arrasado en sus distintas variantes: computadoras de mesa, portátiles o tabletas con teclado incorporado. El ruido característico al percutir los dedos sobre las teclas de las máquinas de escribir es una antigualla que los oídos más jóvenes jamás han escuchado, salvo en alguna película o serie de una época que no volverá. Ese soniquete ha quedado silenciado; se ha esfumado por los agujeros de la memoria frágil. Y lo mismo ha sucedido con las cámaras de fotos de carrete. La llegada de los equipos fotográficos digitales, primero, y de los teléfono móviles inteligentes, después, han acabado con los carretes. El revelado de los mismos se ha quedado circunscrito a algunos aficionados que añoran el blanco y negro o a profesionales que siguen entrando al cuarto oscuro en busca de fijar instantáneas que reflejen imágenes dignas de premio.

Al adiós de las máquinas de escribir y de las cámaras de fotos de carrete se une ahora la más que posible desaparición, de las calles y plazas de España, de las cabinas telefónicas, tan útiles hace décadas y que en la actualidad son como reliquias de la era analógica. Los teléfonos públicos, que fueron imprescindibles como modo de comunicarse con familiares y amigos, han entrado en la prórroga que dará paso a su eliminación. Telefónica considera que las cabinas ya no tienen sentido, excepto como una cuestión sentimental, ya que han dejado de ser rentables. El dato de que el 88 por ciento de los españoles jamás ha recurrido a uno de esos teléfonos público avala que el Gobierno esté dispuesto a suprimir del servicio universal de telecomunicaciones la obligación de mantener las cabinas y las guías de teléfono. Si esa iniciativa sale adelante, como todo parece que sucederá, las cabinas (aún hay 18.162 repartidas por España) ya solo serán un recuerdo que se irá borrando sin remedio como un alzhéimer que acaba con elementos que fueron cotidianos y que no han podido hacer frente a las nuevas tecnologías. Para consuelo de los nostálgicos, siempre quedará una obra de referencia: 'La cabina', dirigida por Antonio Mercero y protagonizada por José Luis López Vázquez.

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