Adictos al móvil

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Francia prohibirá el próximo año, que suena lejano pero está a la vuelta de la esquina, el uso de teléfonos móviles en escuelas e institutos. Los adscritos a la indignación constante ya tienen otra causa que abanderar, porque cualquier medida que huela a restricción es susceptible de engrosar el argumentario político de andar por casa, el mismo que estos días sacaremos en reuniones familiares y reencuentros navideños. Nos alarman las prohibiciones, pero lo cierto es que construimos nuestros códigos de conducta en torno a pequeños vetos que, con mayor o menor amplitud de tragaderas, comienzan por nosotros mismos y la recurrente autocensura con la que a diario evitamos provocar tsunamis personales y profesionales. Ahora que muchos adolescentes optan por aislarse de su entorno al cobijo de una pantalla, limitar a los niños el acceso a los teléfonos móviles suena tan beneficioso que incluso tienta extender la prohibición a algunos adultos.

Conocemos de sobra los beneficios de las ya no tan nuevas tecnologías, divulgadas con empeño de vendedor ambulante por las compañías que nos han hecho creer que la bobada de pagar mil euros por un teléfono es 'cool', pero hemos pecado de ignorar el reverso de la moneda, quizá durante demasiado tiempo. No se trata de demonizar el imparable avance digital ni de poner puertas al campo, sino de ser conscientes que las nuevas tecnologías están acompañadas también de nuevas amenazas como el control a distancia, que contribuye a generar relaciones tóxicas, una de las simientes de la violencia machista, o como las patologías relacionadas con los dispositivos móviles, que van desde la incapacidad de levantar la vista de la pantalla hasta la adicción a las apuestas 'online', entre otros laberintos de los que deberíamos proteger a los menores. Otro cantar es que el puritanismo, como acostumbra, estruje esa necesidad de protección para tratar de mantener una cuota de poder social que cada vez resulta más ridícula.

Ahora que el Ayuntamiento de Málaga ha archivado las denuncias contra dos colegios y ha levantado la suspensión de las actividades deportivas extraescolares, uno de esos líos en los que el alcalde parece disfrutar metiéndose de vez en cuando hasta que se le va de las manos, podríamos probar a reducir el uso del teléfono entre los más jóvenes, recordarles que los patios esperan el bullicio de sus juegos, que se puede disfrutar de un concierto sin sacar el móvil para grabarlo y que no hay emoticono que sustituya un gesto o un tono de voz en directo. Que la vida está ahí fuera, esperando.

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