Aceptación, solidaridad y pasta

A cada uno lo suyo

Las personas con discapacidad pueden contribuir a la sociedad mucho más que algunos supuestos 'normales'

PEDRO MORENO BRENES

Las hermanas de una mujer con síndrome de Down, Julia, denuncian que fue expulsada la semana pasada de una charla comercial organizada por una empresa para promocionar sus productos. Como en todo hecho donde hay dos partes que mantienen versiones distintas, la prudencia debe prevalecer en cualquier valoración sobre lo sucedido: el buen nombre de personas y entidades lo exige, así como la investigación preceptiva ante la denuncia de unos hechos que, de ser ciertos, constituyen una infracción grave prevista en las leyes vigentes (tendrán la consideración de infracciones graves los actos discriminatorios u omisiones que supongan directa o indirectamente un trato menos favorable a la persona con discapacidad en relación con otra persona que se encuentre en situación análoga o comparable, art. 81 de la Ley General de derechos de las personas con discapacidad). Por fortuna, el pueblo, a través del legislador, ha tomado conciencia que las personas con discapacidad constituyen un grupo vulnerable y numeroso que siempre ha sufrido condiciones de exclusión, lo que ha generado toneladas de sufrimiento que una sociedad que se respete a sí misma no puede permitir, entre otras cosas, porque ellos pueden contribuir a nuestro progreso con mucho más de lo que aportan algunos supuestos 'normales'.

La versión de las hermanas de Julia y del alcalde de su municipio las creo sinceras y no observo simulación e interés espurio en esa indignación ante el desgarro de que echen a tu hermana de un acto porque «podría asustar a la gente». Reiterando la presunción de inocencia, si eso ha sido así, la empresa debe sancionar al impresentable que ha creído que la imagen de su marca se perjudica por la diversidad entre sus posibles clientes; y si es por orden de un superior y el empleado es un 'mandado', confío en que a la empresa le caiga el peso de la ley y además los consumidores seleccionemos no tratar con gente de tan baja catadura.

Los demás no nos libramos de culpa, y la discapacidad debe estar en nuestra agenda de forma permanente, ya que para las personas que la sufren también tiene 24 horas, que se hacen muy largas si, por ejemplo, tu cuerpo es tu prisión y apenas puedes mover los ojos, no ves ni oyes, o tienes que ir a la facultad y la silla de ruedas se mueve en un inmenso campus donde los metros son kilómetros. Los años son eternos si en el panorama de tu vida no aparece ni de lejos un trabajo, formar tu familia, viajar como los demás o tu futuro sea corto según las estadísticas. Aceptación, solidaridad y además mucha pasta: que donaciones y gasto público aumente todo lo necesario para ayudar a las personas con discapacidad será el dinero mejor gastado.

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