Abusos de confianza

Abusos de confianza

JOSÉ MARÍA ROMERA

Ya sea en hospitales y centros de salud, ya sea en oficinas públicas y organismos administrativos, el tuteo se ha generalizado como pauta en la comunicación con pacientes y usuarios. Un aire fresco de camaradería atraviesa las ventanillas y recorre las galerías para llegar hasta la cama del enfermo y el pupitre del estudiante. Nada escapa a la avasalladora fuerza de un 'tú' que se empeña en ocupar todo el espacio del trato, como si dirigirse al vecino de otra forma que no sea tuteándole supusiera un anacronismo impropio de este siglo XXI sin clases ni jerarquías. Porque el 'usted' ya solo se interpreta como expresión de la desigualdad; apenas quedan rastros de su intención respetuosa ni de la carga de urbanidad que lo hacía apropiado en la conversación con desconocidos y personas mayores. De hecho es mucha la gente de edad que lo recibe como ofensa porque entiende que le echa años encima, o que revela actitudes edadistas en el interlocutor, o que directamente la excluye de un juego donde todavía se siente con el derecho a participar en las mismas condiciones que el adulto o el jovenzuelo.

El problema del lenguaje es que no siempre las palabras revelan las intenciones del hablante ni vienen acompañadas de un manual de instrucciones. Nunca sabremos si el funcionario que nos tutea lo hace para salvar el obstáculo del ordenador -el nuevo parapeto- y tendernos una mano amiga, o por el contrario se encarama al 'tú' para restregarnos su superioridad. Y por la misma razón nos suele resultar difícil distinguir entre el 'usted' de compromiso, el de reverencia y el distante, que por otra parte tantas veces se superponen. Pero, con todas sus dificultades, el binomio tú/usted ofrecía la posibilidad de una alternancia bastante útil que los nuevos hábitos comunicativos prácticamente han destruido. Lo interesante del 'usted' no era tanto su presencia inalterable, tendente a la solemnidad y el acartonamiento, como el punto en que se le hacía desaparecer por acuerdo de las partes. Había, por así decirlo, un código en virtud del cual el «apéeme el tratamiento» (o el más directo «¿nos tuteamos?») aparecía como una credencial de la confianza adquirida, como la constancia de que a partir de ese punto uno ingresaba en el ámbito de cercanía del otro y viceversa. En otras palabras, el 'usted' estaba ahí como paso hacia un 'tú' que había que ganárselo.

«La palabra es mitad de quien la pronuncia y mitad de quien la escucha». El aviso de Montaigne nos recuerda que nuestras decisiones lingüísticas solo son acertadas si las planteamos como un pacto con el receptor. Los términos que usamos al dirigirnos al otro no solo son portadores de un significado denotativo que no admite discusión, sino que cargan con unas connotaciones diferentes según los individuos o grupos humanos. El actual desgaste de los pronombres personales obliga a desplegar las antenas para saber cuál conviene usar en cada caso, pues nada nos asegura que un 'tú' dicho con el mayor de los afectos no llegue a su destino percibido como una ofensa ni un 'usted' respetuoso no vaya a ser tomado como una señal de alejamiento. A cambio de ganar espontaneidad y apariencia de igualdad hemos perdido unos cuantos matices en la gama de la expresión afectiva.

LA CITATácito «El respeto es mayor desde lejos»

A este triunfo del 'tú' sobre el 'usted' no es ajena otra tendencia: la obsesión por el rejuvenecimiento. Igual que la publicidad ha hecho de la juventud un valor al alza, un efectivo tópico de la persuasión, casi un imperativo de vida, el lenguaje trata de eliminar aquellos elementos que puedan parecer vinculados a la vejez. Al llegar a cierta edad, que a uno le tuteen fuera de la familia puede resultar halagador. ¿Cómo hablarle de usted al abuelo que acaba de entrar en la tienda de bicicletas a comprarse el último maillot o a la sexagenaria que viene a hacerse un tatuaje en el hombro, sin que uno y otra se den media vuelta y perdamos clientela? El sueño de ser jóvenes a perpetuidad no tolera un 'usted' que, perdidas sus bazas en los órdenes de la dignidad y del gobierno, ya solo se identifica con el orden de la edad.

En definitiva se trata de un caso más de empobrecimiento del lenguaje, con los consiguientes efectos negativos en las relaciones personales. De desaparecer ese uso cautelar del 'usted' que nos garantiza al menos un primer acercamiento al otro sin malentendidos ocurrirá lo mismo que viene sucediendo con la actual devaluación de la palabra 'amigo' por efecto de las redes sociales. Si ya se han esfumado las diferencias que fijó Josep Pla entre 'amigos', 'conocidos' y 'saludados', la amistad se banaliza. Si el tuteo se consolida como única fórmula de tratamiento, nadie podrá saber en qué lugar de nuestra estima y nuestro respeto se encuentra, lo que a la larga acabará engendrando más desconfianza de la que supuestamente ha erradicado. Y entonces nos veremos en la necesidad de idear nuevos eufemismos que hagan su función. Ustedes verán si merece la pena seguir tuteándose por principio.

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