ABIERTO POR VACACIONES

JOSÉ MANUEL BERMUDO

LAS ciudades turísticas, es decir, las que viven exclusivamente de los ingresos que dejan los visitantes que llegan a lo largo del año, tienen un problema desde siempre, y no de ahora como algunos parecen pensar: el aumento elevado de la población durante unas fechas muy concretas, que son estas que vivimos estos días. Queremos que lleguen más turistas cada vez y los organismos oficiales presentan como un gran logro las cifras de incremento de personas que han venido a vernos, en muchos casos atribuyendose el éxito como un logro de su gestión política.

Son días de bullicio, en los que las calles están llenas y cuesta trabajo pasear, que los establecimientos están abarrotados (afortunadamente habría que decir) y hay gente de pie esperando que una mesa quede vacía. Es imposible encontrar un aparcamiento y si decidimos utilizar los servicios de un taxi hay que ponerse a la cola porque estos vehículos no dan abasto, pero claro, es su oportunidad, porque son los mismos que se encuentran en las paradas viendo pasar las horas el resto del año. Otra cosa es si está bien distribuido el número de coches en las distintas zonas o si esto está controlado por alguien.

Ahora, con las redes sociales echando humo, y con la facilidad que algunos encuentran para explayarse, cada cual quiere moldear la ciudad a su gusto, según le conviene a sus intereses, dependiendo de si es turista ocasional, pensando en los pocos días de vacaciones que tiene, o si es residente, que nota un cambio sustancial en su vida con relación al resto del año. También depende de si se vive en una urbanización de lujo, en el centro de Marbella, por ejemplo, o en una barriada popular. Todos llevamos dentro un diseñador de ciudad, como también un seleccionador de futbol.

La ciudad está abierta por vacaciones y, por tanto, parece que hay un punto más de permisividad que en otras épocas del año. Y no me estoy refiriendo al comportamiento de una parte de los turistas que se despendolan aquí como si fuesen a volver después a ingresar en un convento y tengan que aprovechar cada minuto de una efímera existencia libre. Es muy posible que ese desmadre haya aumentado, pero también es cierto que hoy se ve más y se transmite más por cualquier medio. No, no me estoy refiriendo a ese asunto que merece un estudio serio para intentar paliarlo en la medida de lo posible. Quiero también destacar lo que hacemos todos los demás. A ver, quién no ha tenido la experiencia en su barrio de grupos de personas que permanecen en la calle hasta altas horas de la madrugada elevando los decibelios con sus propias voces, sin tener en cuenta que al lado hay quien se tiene que levantar a primeras horas de la mañana y trabajar, quizás, en el mismo puesto en un hotel del que ocupa quien no le deja dormir con su juerga.

Y si bien hay puntos de crítica a los servicios municipales de limpieza, cuando vemos que algunas zonas tardan en limpiarse, también es frecuente ver como muchos vecinos tiran las bolsas fuera de los contenedores a las dos de la tarde, o establecimientos que depositan sus sobrantes a cualquier hora y no separando los productos para el reciclaje, precisamente. Tambén hay comunidades residenciales obligadas a la limpieza, como ocurre en Puerto Banús, pero no lo hacen. Aquí solamente cabe la sanción como primera medida y no la permisividad. Después nadie ha hecho nada y se echa la culpa a los demás, como nadie votó a un alcalde que todos sabemos y que conseguía mayorías aplastantes. Un poquito de autocrítica ciudadana tampoco viene mal.

Por otra parte, también es cierto que los servicios públicos como la sanidad o la atención en determinados servicios ciudadanos no se adaptan a la realidad del momento veraniego, si es que no disminuyen en su cantidad y calidad. Y eso ocurre año tras año desde hace mucho tiempo ,lo que quiere decir que tiempo para la previsión ha habido, aunque no sabemos si medios o capacidad de gestión. En fin, que más de lo mismo, para que nos vamos a engañar.

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