25.000 ALMAS

Fútbol escrito

JOAQUÍN MARÍN D.

Recordemos esto: cuando el Málaga ganó su último partido antes del triunfo contra el Celta era mayo. Y el rival también fue el Celta. Luego, en pretemporada, de cascarilla, hubo una victoria más, en el Carranza ante el Villarreal -rival de este domingo, para seguir con las coincidencias-, y se acabó. A partir de ahí, el vacío. Son cinco meses, casi medio año, los que han pasado entre ambas alegrías, las que se canjean por puntos y no por sensaciones. En este tiempo se han marchado del equipo Sandro, Kameni, Pablo, Camacho, Weligton, Duda. Magníficos jugadores, varios capitanes, jefes de la plantilla, de los que daban un puñetazo en la pared del vestuario y se cuadraba hasta el utillero. La hemorragia ha sido tremenda, y apenas si se han aplicado gasas estériles para contenerla: han llegado futbolistas jóvenes, inexpertos, desconocedores de la competición española, ignorantes de la idiosincrasia malaguista. Aquí se sufre hasta el final, se disfruta con muy poco y todo cuesta mucho. Pero el apoyo no se negocia. Queda dicho que la afición es el mejor patrimonio y mayor activo del Málaga. Se ha visto en el último partido, con un recibimiento digno de Champions que en realidad era para salir del último puesto de la tabla. Con un rumor constante a favor de los que iban de blanquiazul; aplausos para los errores, ovaciones descarnadas para los aciertos, gargantas rotas con el gol de Recio en el 83 para una victoria providencial. Desde mayo, durante cinco meses, con derrotas y pérdidas de jugadores queridos como único menú, hasta 25.000 almas, 25.000, han seguido confiando, ejerciendo de malaguistas, y se han abonado. Somos pocos aún, necesitamos ser muchos más, pero somos fieles, conscientes, abuelos, padres, madres y niños.

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