23.717 amigos

EL ALFÉIZAR

RAFAEL J. PÉREZ PALLARÉS

¡Cuánto daño ha hecho Facebook al concepto de amistad! A cualquiera llama amigo. ¿Habrá descubierto el creador de esa red social, Mark Zuckerberg, el asunto tan delicado y sutil que supone tratar de amistad? ¿O quizá haya descubierto que rodeados de gente estamos solos y necesitamos amigos y por eso busca cómo paliar esta crítica y desoladora situación con el espejismo de tener amigos en red? De hecho, si no tienes amigos se preocupa por ti; gracias. Ahora bien, sin obviar las ventajas y oportunidades de relación que ofrezca Facebook u otras redes, conviene recordar que la genuina amistad, es la que mira a los ojos y al corazón; a la carne y al hueso. Queda lejos de la que se establece en la distancia permanente o a través de una pantalla móvil u ordenador.

Dependerá de la madurez y experiencia de cada uno y del tipo de relación que pretenda establecer, pero en todo caso, conviene hablar en verano de la amistad. Esta estación ofrece la oportunidad de cultivarla e incluso aumentarla.

Amigos de verdad, con el tiempo, quedan pocos. Compañeros, conocidos, colegas y cosas por el estilo abundan. Pero personas fieles a las que descubrir tu intimidad y con las que compartir confidencias, deseos e ilusiones; alegrías, sonrisas y lágrimas van quedando a medida que la vida avanza pocas, muy pocas. Y salvo, contadas excepciones, esa es la cruda realidad. Mejor aprenderlo pronto.

La amistad es precioso y preciado tesoro. Es don de Dios. Aunque quizá convenga distinguir entre amigo y amigable. Amigables deberíamos ser con todos, pero no podemos ser amigos de todos. Misión imposible. Vivimos en una sociedad que nos roba tiempo para cultivar la amistad. La velocidad a la que nos movemos se come el diálogo, la risa y los sueños. Quizá por eso cada vez tengamos más conocidos con los que hablamos, reímos y vivimos algo; pero menos amigos. Por mucho que colguemos la etiqueta de amigo o amiga a quien conozcamos. O ampliemos la nómina de amigos en Facebook hasta llegar a 23.717, por aventurar algo. La amistad se aquilata con el tiempo. Necesita de espacio, sosiego y dedicación. Cultivemos la amistad sin prisas, sin agobios. Desaceleremos la vida. Porque si no tenemos el riesgo de colocar la cantidad antes que la calidad y eso, tarde o temprano, desliza por la corriente virtual de la amistad al no encontrar otra alternativa.

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