LA TRIBUNA

Un modelo de ciudad al servicio de la gente

Hace algunos días tuvimos la ocasión de participar interesante debate organizado por SUR en el que representantes de las distintas fuerzas políticas de Málaga debatimos sobre algunos proyectos clave de nuestra ciudad. En las distintas posiciones afloraba un debate más profundo y estratégico relativo al modelo de ciudad, el rol de lo público y el tipo de desarrollo que deseamos e imaginamos para Málaga.

Los presentes coincidíamos en que dotarse de un plan estratégico y contar con un modelo de ciudad son quizás los principales desafíos de la gestión municipal. En el caso de Málaga la ausencia de una planificación coherente se manifiesta en la galaxia de proyectos fallidos, estancados e improvisados pero también en innumerables problemas que afectan de lleno en la vida sus habitantes.

La gestión neoliberal -encarnada por el Partido Popular y sus socios de Ciudadanos - promueve que el desarrollo de la ciudad tenga como principal protagonista a la iniciativa empresarial, situando a lo público como un agente facilitador y promotor de inversiones y oportunidades de negocio para el sector privado. Abandonar el liderazgo del Ayuntamiento en el diseño de la ciudad, guardando buenos planes estratégicos en cajones y situándolos como meras ‘recomendaciones’, se ha traducido en una gestión errática e improvisada, dinamizada en base a proyectos privados inconexos y siempre a expensas, cual película de Berlanga, de la llegada de cualquier tipo de inversión.

Lo sensato en una sociedad democrática es que las inversiones privadas y la iniciativa empresarial se inserten y regulen en el marco de un plan estratégico elaborado por las instituciones públicas capaz de subordinarlas al interés general. En el caso de Málaga sucede justo lo contrario, el interés general y lo público quedan subordinados a la iniciativa privada y es ésta la que va diseñando, a golpe de proyecto y buscando su propio beneficio, el modelo de ciudad.

El caso de Art Natura o la prematura crisis del Mercado Gourmet de la Merced son tan sólo algunos ejemplos del modelo que ha caracterizado al actual gobierno municipal y que ha cosechado innumerables fracasos: destinar suelo, instalaciones, contratos e ingentes cantidades de dinero público -endeudando al Ayuntamiento si es preciso - para fomentar el negocio privado sin tan siquiera una mínima evaluación o regulación sobre su viabilidad, por no hablar de los retornos o beneficios para la ciudad y sus habitantes. Desde esta óptica se deben analizar los procesos de privatización en curso y los más de 65 millones de euros destinados a la externalización de trabajos y servicios municipales recogidos en los últimos presupuestos municipales.

La ausencia de una planificación pública se traduce a su vez en la incapacidad para abordar de forma compleja el modelo productivo y la necesaria diversificación de la actividad económica en nuestra ciudad. El monocultivo del turismo se ha mostrado por el momento incapaz de amortiguar las altísimas tasas de paro de la ciudad y la falta de regulación del sector está produciendo efectos sobre los que urge implantar medidas correctoras: precarización y temporalidad estructural del empleo, saturación comercial y expulsión de residentes en determinadas zonas, problemas medioambientales, aumento de los precios y reducción de la oferta de vivienda en alquiler para residentes habituales, etcétera.

Nadie cuestiona el papel estratégico de la actividad turística para Málaga, pero es un dato irrefutable que sin una correcta regulación pública del sector, se producen efectos negativos tanto para las ciudades turísticas y sus habitantes como para el propio desarrollo del sector a medio y largo plazo.

En el reciente debate sobre los Presupuestos Municipales afirmábamos que tanto el Partido Popular como Ciudadanos vivían en una Málaga de fantasía y que se habían creído sus propias estrategias de marketing. Lejos de ser un mero ejercicio retórico, las actuales políticas municipales parecen ignorar rasgos importantes de una ciudad desigual y cuyos habitantes están atravesados de lleno por los efectos de la crisis y la mala gestión política de la misma.

Parecen ignorar una Málaga con un paro que roza el 30 por ciento y supera el 50 por ciento entre los jóvenes, que tiene más de 34.000 niños en riesgode pobreza, que tiene unos Servicios Sociales saturados y en los que no se contrata un trabajador social desde hace 10 años. Una ciudad en la que, mientras su alcalde proyecta torres y hoteles de lujo, hay vecinos que denuncian plagas de ratas y de mosquitos, equipamientos infantiles y zonas públicas abandonadas, ausencia de autobuses urbanos, cortes de suministros y desahucios, suciedad permanente y un pésimo servicio (privado) de limpieza, mercados municipales a la deriva, piscinas incendiadas por la desidia municipal y bomberos que no pueden apagar incendios por falta de medios. El inventario de los agravios y reclamos vecinales por abandono institucional excede con creces los límites de este artículo.

Mientras esto ocurre, el alcalde y sus socios de gobierno presumen de lo bien que va Málaga y preparan los terrenos para nuevas oportunidades de negocio del sector privado. Otros trabajamos para que a partir de 2019 se gobierne y se planifique la ciudad pensando en el interés general y las instituciones se pongan al servicio de la ciudadanía.

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