Diario Sur

EL SITIO DE MI RECREO

Antonio Desperado Banderas

El cine devora a sus protagonistas. En demasiadas ocasiones obra el milagro de integrar la ficción en la realidad. Es llamativo el proceso por el que los actores se convierten de alguna forma en patrimonio común de una sociedad. Seguro que tiene que ver con el influjo que ejerce sobre muchos el que encarnen historias que son muy seductoras y que el común de los mortales nunca protagonizaremos. Este proceso se amplifica de forma extraordinaria cuando a todo se le suma el componente de la fama y el triunfo. El espectador, el ciudadano, se confía al sueño de que en dos horas uno puede llegar a Marte o descubrir continentes, a sabiendas de que la vida es otra cosa. El cine se convierte así en un atajo formidable. Antonio Banderas conoce este relato cinematográfico con su lógica particular, y por su especial forma de ser, entiende que ya es patrimonio de los malagueños. La realidad es que Málaga ha contribuido objetivamente en muy poco a su carrera profesional cinematográfica, pero de forma generosa él si ha querido señalarse como uno de sus hijos afortunados y deudor con su tierra natal. Ha sido una opción personal, poco frecuente entre sus iguales, que habitualmente muestran un desapego importante con sus ciudades de origen, y sólo mantienen con ellas un compromiso en su esfera emocional y sentimental. Él se encuentra cómodo dentro de esos parámetros que tienen tantos peajes personales que él asume con naturalidad.

La lógica de la política es otra: es el ejercicio del poder por encima de otro tipo de consideraciones. En esos parámetros los políticos fijan como su primer objetivo su propia supervivencia con todo lo que eso comporta, para sus compañeros, sus adversarios y el resto de los mortales. En la actualidad existen dos realidades que cada vez conviven peor, que son la de la sociedad real y la de la política, que encuentran pocos espacios comunes y muchos de fricción. A este tipo de ejercicio del poder le viene muy bien el triunfo de la posverdad, que ha crecido a lomos de las redes sociales y unos medios de comunicación en crisis. La mayoría de los líderes políticos actuales serían meros actores secundarios fuera de la moqueta de los ayuntamientos, diputaciones o parlamentos . En este contexto es donde el actor malagueño se pierde y se convierte en Antonio Desperado Banderas.

La cultura y el emprendimiento no tienen nada que ver con la política. Seguro que Antonio Banderas habrá aprendido la lección y huirá de todo lo relacionado con la Casona y sus voceros por siempre jamás. La sociedad malagueña seguro que acogerá lo que la política y la posverdad ha pretendido enterrar.

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