Diario Sur

CITA EN EL SUR

El amigo imaginario

Nueve de cada diez adolescentes malagueños mantendría la relación de amistad con su mejor amigo si les dijera que es homosexual. Se trata de un amigo imaginario en la mayoría de los casos y a los amigos imaginarios se les tolera casi todo. Cuando el amigo, la amiga, pasa al plano real y sale a la pizarra suele escaparse alguna broma y después en el recreo el amigo homosexual que no ha comentado que lo es escucha el insulto más habitual en el recreo: maricón. Si el amigo homosexual no ha dicho que lo es pero a algunos da la impresión de que claro que lo es, cómo no lo va a ser con esos gestos, se le pregunta. Uno, una, el elegido, el valiente, el que quiere regresar al grupo con el poder que da la información recién conseguida en exclusiva, se acerca y le dice mira, las cosas claras, no te molestes, ¿tú eres maricón? El preguntado, la preguntada, puede ser homosexual o no, y si lo es puede reconocerlo o no. Si dice yo qué va, qué cosas tienes, por qué, el grupo seguirá dudando y además estará decepcionado porque qué guay sería saber que sí que lo es. Si dice pues mira, sí, lo soy, el preguntador volverá al grupo y dirá no veas qué fuerte, no os lo vais a creer, y el grupo contestará con una pregunta: ¿en serio, tía? Y la otra que sí, te lo juro. Y la noticia se extenderá y todo el mundo conocerá la orientación sexual del preguntado, cuando a quién le importa. El mundo está preparado para el triunfo del hombre blanco, el varón, quiero decir, nacional (no inmigrante), heterosexual, y el de los adolescentes más todavía. Yo me imagino con mis quince años y mis melenas y, a no ser que cayera en el engatusamiento de una atmósfera propicia, imagino que diría ay no, para nada, tío, maricón de qué, y me reiría y trataría de que la risa sonase natural.

¿Cuántos de cada diez adultos malagueños apoyaría totalmente a su hijo o hija si dijese papá, mamá, soy homosexual? Supongo que la mayoría, pero no nueve de cada diez a no ser que el hijo fuese imaginario. Los hijos imaginarios pueden ser cojos, horrorosos, homosexuales, incluso horrorosos homosexuales cojos, pero los reales uf. La historia, la histeria, ha cambiado mucho sin embargo. En Málaga hay parejas de hombres, de mujeres, que pasean de la mano. Esto convierte a la ciudad, al mundo, en un lugar mejor que antes, aunque ser homosexual siga siendo una orientación de riesgo y en la feria uno podría cruzarse con un fascista seguidor ultra de un equipo de fútbol (sí, ya sé, demasiado prototípico, pero es un perfil que encaja en unos cuantos de cada diez agresores homófobos) y alea jacta est, como dijo Julio César, a quien le atraían los hombres y las mujeres. Jaleo jacta est. En las series televisivas siempre aparece algún homosexual, pues las series tratan de ser reflejo de la vida. Han normalizado tanto la situación que aceptamos plenamente que puedan casarse, incluso que nuestro amigo imaginario lo sea. Todavía falta, pero vamos por muy buen camino.

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