GOLPE DE DADOS

Málaga-París

Espero en el andén el tren de cercanías que me llevará a Torremolinos. Lo espero apenas cinco minutos, aunque no me hubiera importado esperar más tiempo porque hace un día tan ‘made’ in Málaga que hasta en el subterráneo se soporta de maravilla. En estos breves cinco minutos la parada se transforma en una asamblea de la ONU en diminuto. Llevo en la mano derecha la última novela de Rafael Chirbes, casi póstuma, ‘París-Austerlitz’, porque Bola Barrionuevo no la encuentra en librerías, le han dicho que está descatalogada y le llevo mi ejemplar; me vienen a la cabeza títulos de Galdós, Baroja o Valle-Inclán, más que descatalogados supongo que habrán desaparecido de la faz de la tierra. Durante el trayecto releo algunas páginas del último y soberbio Chirbes una vez que me hago -los milagros existen- con un asiento. Pienso en cuánto se puede amar cuando se ama sin importar sexo, condición ni territorio, sin importar apenas nada, se ama y punto. Me llevo otra lección sobre raíles. De repente la atmósfera cambia: salimos al exterior y nos enfrentamos a la luz demoledora de nuestro litoral.

Mi mala salud de hierro se topa con ese delirante impulso claustrofóbico que me ha poseído desde niño. «Esta tarde hay demasiada gente en Versalles», la entonces princesa austriaca Antonieta le dedicó esa frase insolente a la Condesa Dubarry para que de una vez por todas se marchara de la corte, pero yo, para no imitar a los exiliados y menos a la Dubarry, por ahora no me voy a ir de Málaga, me gusta demasiado, a pesar de las distracciones que me dedican, y claro, yo me crezco. Cavilo, de repente, en cuánto hay de ficción suprema, o de realidad impostada, en la decisión de Antonio Banderas para abandonar el proyecto Astoria, y si llegará, tras el chasco, a dejar la ciudad después de su estruendoso portazo; si se fuera haríamos el ridículo. En esto alabo la actitud del actor: la soledad sonora es un recurso que puede con todo, puede con Marx, con el Circo de Manolita Chen y hasta puede con la audiencia de María Teresa Campos a la que deseo una rápida y eficaz mejoría. Recordemos que precisamente Napoleón, Él solo, aunque con setenta mil soldados detrás, en la batalla de Austerlitz aplastó a la Gran Coalición de los tres emperadores.

La Historia de la humanidad es un trasiego de entradas y salidas muy parecidas a las del tren Málaga/Torremolinos. En la parada del aeropuerto Picasso ’unos bajan y otros suben con velocidad de extras cinematográficos. A mi lado se acomoda un matrimonio francés y sus hijos, dos arcángeles asexuados, chico y chica, rubios como la cerveza. La verdad es que me han alegrado el último tramo del trayecto porque los cuatro llevaban idénticas camisetas con la foto del presidente Macron, y sobre la foto un eslogan, en rojo, que me emocionó, rezaba así: Libertad, Igualdad, Fraternidad. Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?.

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