MIRANDO AL MAR

ENREDADOS

ALGUNAS semanas vienen impregnadas de noticias con matices muy parecidos, como si alguien hubiese puesto de acuerdo a diferentes partes para que así fuese. Ha pasado con los atropellos de ciclistas, que lamentablemente han ocupado en los últimos días un lugar preferente. Parece que cuando se produce uno hay una especie de «efecto extraño» que los multiplica inmediatamente. Ocurre igual con las mordeduras de perros, que se concentran en unos días como noticias en los medios de comunicación para desaparecer después durante un largo tiempo. Quizás seamos los propios medios los que propiciemos esa sensación ante la panorámica que, en un tiempo puntual, ofrece la actualidad, a la que le seguimos la corriente.

Pero hay otra serie de detalles en las informaciones que hemos conocido en los últimos días: su conexión con las redes sociales. Abruma y preocupa saber que un joven de dieciocho años ha violado a una niña de trece después de una serie de intercambios de fotos y comentarios a través de internet. Desgracia absoluta para la pequeña y su familia y no menos grave para la del joven, que ha terminado en prisión. Todo eso sin tener en cuenta las secuelas que estas cosas dejan para el futuro.

En Marbella, las fuerzas del orden investiga un caso del llamado «juego de la ballena azul», que propagado por los canales digitales pueden incitar al suicidio. Son algunos ejemplos, porque no llegamos a conocerlos todos. Cuánta imaginación existe en este país y qué pena que sea utilizada en gran medida para hacer daño.

En las redes, si levantas un poco la cabeza, te la pueden cortar rápidamente, aunque esta no es una práctica nueva, porque ya se ha hecho siempre con los medios que se han tenido en otro tiempo. Pero ahora, alguien con un seudónimo que a veces no supera la categoría de hortera, hay quien se dedica a torpedear todo lo que se le ponga por delante, sea lo que sea que se proponga. Es como un vicio, como una forma de funcionar, o quizás es una venganza contra el mundo, contra ese que no le trató bien en su día, quien sabe, si siempre hemos estado rodeados de gente que, aparentando normalidad, han realizado barbaridades.

Y me refiero a un asunto más: la renuncia del actor malagueño Antonio Banderas a seguir adelante con ese proyecto cultural previsto en los antiguos cines Astoria que tiene también mucho que ver con lo que se ha dicho en las redes, aunque no únicamente. Existe ahora una división en la sociedad malagueña (no sólo en la capital, sino en toda la provincia) sobre lo que ha ocurrido con este proyecto y sobre las consecuencias de la desolusión de Banderas. Los más radicales acuden a estereotipos consabidos y ya pasados, en los que se habla de que ya está bien de que los ricos hagan lo que quieran y los famosos se impongan, etc, etc... Nada nuevo. Los más puristas se refieren a los puntos y comas de los documentos y hablan de ética, ecología, malagueñismo, igualdad...y todo aquello que les sirva para sus intereses (¿?)

Lo cierto es que no sabemos como nos las arreglamos que cada vez que hay algo interesante, con el apoyo de gente de la tierra para activar movimientos culturales, siempre encontramos el camino de la sospecha, la forma de minimizar esfuerzos y la manera de expresar nuestra certeza de que no hay nadie que haga algo porque se siente agradecido, porque quiere ayudar a los demás y porque tiene una conciencia que le mueve a ello. Y quizás, faltaría más, porque quiere hacer negocio. Nosotros (nos metemos todos), que en nuestra provincia y durante muchos años hemos permitido que algunos desalmados (entonces considerados salvadores) hayan acometido las mayores barbaridades urbanísticas en nombre de un progreso que no especificaba en el prospecto que era su propio progreso particular, ahora somos puristas. Y encima recibían aplausos y votos, los de antes, digo. Sí, es para pensar que tenemos lo que nos merecemos. Eso sí, los políticos malagueños ya tienen materia de sobra para seguir inculpándose. Sería para desparramarse de risa, si no fuera por la seriedad del asunto. Y Antonio se estará preguntando para qué se metió en tal lío, que solamente le traerá problemas a pesar de sus intenciones.

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