Diario Sur

LA ROTONDA

No apta para inversores

El título de la novela de Cormac McCarthy, 'No es país para viejos', es en realidad un homenaje al poema 'Sailing to Byzantium' (Navegando a Bizancio) de William Butler Yeats. La mayoría se acordará más bien de la película de los hermanos Coen, y donde un actor español, Javier Bardem, hizo un papelón de malo. En Málaga se rueda estos días otra historia, que se llamará 'No es ciudad para inversores'. La protagonizaba hasta el lunes un actor nacido aquí pero reconocido a nivel internacional, y que ha decidido salirse del rodaje apenas un mes después de empezar. Banderas empezó de bueno y se ha visto al final como el malo de la película. Y ese cambio de papeles no le ha gustado. Ha aguantado poco, menos que la mayoría de los que lo intentan por estas latitudes; o quizá es que conoce mejor el paño y ha visto que esto sólo podía ir de mal en peor.

Entre todos la mataron y ella sola se murió. El alcalde abrió la veda con sus declaraciones sobre el concurso de concesión, aquello de la «persona cualificada, con capacidad de proyección y una descripción que pueda valer para la aportación que hace la figura de Antonio Banderas u otra equivalente si la hay, española o de fuera». La oposición entró a saco, pero en lugar de limitarse a reivindicar una licitación limpia y en igualdad de condiciones, algunos pasaron a las descalificaciones contra los promotores, como si fueran culpables por el mero hecho de querer hacer algo en Málaga. El resultado: espantada del actor y de vuelta a la primera casilla en el manido Astoria, condenado a ser un monumento a la ineficacia, la indolencia y la envidia que todo lo puede en esta ciudad.

No será el primero ni el único en salir pitando de aquí. El aval depositado por los inversores cataríes en el caso de la torre para un hotel de lujo en el puerto vence en octubre, y sólo cabe esperar que lo retiren y se vayan con sus 120 millones de euros a otra parte, de España o del mundo, donde sí les dejen hacer. En este caso, más que la oposición política o de una parte de la ciudadanía, lo que pesa es una burocracia interminable, probablemente ralentizada a posta por los mismos detractores. Aunque ya casi nadie se acuerda, otro grupo inversor depositó un aval para crear una zona comercial en el Muelle de Heredia; y la plataforma de San Andrés estaba en el punto de mira de una gran multinacional del sector del ocio. Pero esta semana se ha colgado un gran cartel delante de la fachada marítima (esa que dicen proteger) en la que reza que ninguno de ellos son bienvenidos.

Málaga se ha declarado no apta para inversores, ni extranjeros ni locales ni mucho menos insignes. Somos una ciudad grande, pero nos falta mucho para ser una gran ciudad.

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