LA ROTONDA

AVE, maestro

Lo malo de las infraestructuras en Málaga es que los proyectos tardan tanto en salir que todo se ha dicho antes. Lo bueno, cuando se escribe sobre esas cosas, es precisamente eso, que en la hemeroteca está todo contado, con leves variaciones, como un día de la marmota eterno que empieza y casi nunca acaba. Hace unos días, me dediqué a tirar del hilo para recomponer la historia del ‘by pass’ de Almodóvar del Río, el enlace ferroviario que permitirá que los trenes de alta velocidad entre Málaga y Sevilla lleguen mucho antes.

Y allí estaba. Era un artículo de hace 16 años, lo cual quiere decir que se publicó el mismo día que nació eso que llaman un ‘millennial’, un nativo del siglo XXI. Por supuesto, lo firmaba Manolo Becerra, y hablaba de un futuro que hoy es presente, cuando muy pocas personas realmente eran capaces de vislumbrar lo que el AVE iba a suponer. Algunos años más tarde, hacia 2005, todavía sin ‘patos’ en la estación María Zambrano, también fue capaz de advertir en las páginas de SUR de la oportunidad perdida para la vertebración de Andalucía que ya entonces iba a suponer el retraso en esa conexión entre líneas en Córdoba. Todavía quedaba lejos ese 23 de diciembre de 2007, cuando la posición geográfica de Málaga cambió para siempre.

Como un Julio Verne malaguita, mitad soñó y mitad vio en sueños, que no es lo mismo, una metrópoli conectada con el mundo, epicentro de las comunicaciones de Andalucía; con el aeropuerto más potente del sur de Europa, su gran terminal y sus dos pistas, que ya son indispensables para atender toda la demanda. Con el ferrocarril rápido conectado con decenas de ciudades; con una extensa red de autovías y autopistas radiales, hacia la Costa y el interior; y el metro como único sistema de comunicaciones urbanas capaz de hacer frente al coche privado en la capital. No creo que nadie pueda pensar que entonces era más fácil sacar adelante los proyectos que ahora, cuando Málaga pintaba todavía menos que ahora en el mapa político nacional.

La miopía cateta, la envidia y la desazón que produce pregonar eternamente en el desierto han hecho enmudecer a los visionarios, y ya pocos se atreven a soñar a lo grande, como lo hacían entonces. Esta ciudad, amigo Manolo, vive sumida en la paradoja de estar en el mejor momento de su historia reciente, y de no ser capaz, por cuitas internas y por argumentos inconfesables, de aprovechar ese buen momento para dar el salto a la liga de campeones. Málaga, forjada gracias a un reducido número de visionarios soñadores, entre los que siempre aparecerá tu nombre en la hemeroteca, hoy es una urbe de realidades tangibles y, si la dejan, con un futuro inimaginable. AVE, maestro.

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