Diario Sur

Confeti

La gestión pública parece cada vez más atrapada en la retórica hueca propia de panfletos y campañas electorales. Con el pretexto de fingir dar respuesta a la demanda ciudadana de mecanismos sólidos de transparencia y fiscalización, las administraciones son capaces de levantar una torre de conceptos, rodearla, subirla, coronarla y hasta derribarla para regresar a la casilla de salida sin haber ofrecido más que un tedioso espectáculo de humo y fuegos artificiales. Al final solo queda un rastro de confeti. Y la luz del garaje encendida, cantaría Quique González. Abrimos el envoltorio de la nueva legislatura esperando encontrar eficacia y control, participación y consenso, pero hemos topado con una montaña de burocracia y mala literatura. Incapaces de materializar la prometida regeneración democrática, perdidos en abstracciones absurdas, los ayuntamientos someten los asuntos de interés general a insufribles procesos administrativos para dar falso brillo al mismo sistema oxidado de siempre. Y entonces convocan un concurso de ideas, una mesa de trabajo, una consulta no vinculante, un pleno extraordinario, un nuevo concurso de ideas porque no salió el resultado esperado y luego, cuando todo estalla, porque esa autopista conduce inevitablemente al fracaso, aprueban una comisión informativa y otra de investigación para depurar responsabilidades que nunca llegan.

Para transformar esa estructura inútil, un sumidero de tiempo y dinero, hacen falta políticos dispuestos a despojarse del parapeto ideológico. Y escasean. Ha quedado constatado en el debate sobre el futuro uso del Astoria. Un proyecto que aúna teatro, cine, gastronomía y exposiciones, avalado por una figura libre de sospechas como Antonio Banderas, parece una opción razonable, capaz de ofrecer las garantías suficientes, pero el empeño del Ayuntamiento por amarrar esta posibilidad, su descarada complacencia hacia el actor en un procedimiento público, ha acabado siendo tan contraproducente como la actitud enfrascada de la oposición. Nada nuevo, por otro lado. Casi todas las ciudades tienen su Astoria, un agujero negro capaz de medir la longitud de miras de su corporación. En Torremolinos, donde el diálogo aún se pasea en pañales, ese lugar le corresponde a la plaza Costa del Sol. El PSOE defiende su peatonalización, hasta ahora forjada a base de improvisaciones. El PP, con tal de aparentar fiereza como oposición, solicita la reapertura al tráfico de vehículos y hasta apoya una alternativa amateur presentada con música para ‘teenagers’. Que no falte el confeti.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate