Diario Sur

Carta del director

Málaga será lo que los malagueños quieran

Este título es mucho más que una frase recurrente; es una gran verdad, entendiendo por malagueños todos aquellos que, vengan de donde vengan, viven, disfrutan y sufren en esta provincia. Málaga será lo que todos queramos que sea. Políticos e instituciones públicas, colectivos sociales, asociaciones profesionales, medios de comunicación, empresas, trabajadores y todos los ciudadanos, con mayor o menos inquietud participativa, deciden con sus gestos y actitudes el modelo de provincia y de sociedad.

Directa o indirectamente, todos tenemos nuestra parte de responsabilidad en si una ciudad es limpia o sucia, tolerante o intolerante, culta o cateta, ecológica, amable, ruidosa o no, merdellona, cosmopolita o emprendedora. También agradecida y acogedora o cainita e ingrata.

Málaga tiene ante sí muchas decisiones que tomar, algunas estratégicas. Otras domésticas. Vive un momento trascendental que puede darle un nuevo impulso o dejarla varada a merced del tiempo. El metro, el tren del litoral, el cercanías hasta el PTA, el saneamiento integral de la costa, el abastecimiento de agua en zonas de sequía, la línea ferroviaria de mercancías del corredor atlántico, el paseo marítimo de la zona Este de Málaga, el hotel del dique de Levante del Puerto, el desarrollo del muelle 4 (Heredia), el puerto deportivo de San Andrés, el hotel de Moneo, el proyecto del Astoria, el auditorio, el parque de Repsol, el del Campamento Benítez, la regeneración de los Baños del Carmen y la definición de su modelo turístico, tecnológico y cultural son los retos más relevantes -se me ha podido escapar alguno- a los que en estos momentos se enfrenta Málaga y su provincia.

No hay que ser un lince para observar la importancia de todos ellos y la necesidad de aunar esfuerzos, sobre todo los institucionales. Por eso es triste ver cómo, por ejemplo, el pleno del Ayuntamiento de Málaga se convierte a menudo en un patio donde los concejales arremeten unos contra otros, frivolizan o hacen chistes sobre cuestiones importantes, sin importarle el impacto de sus chanzas, sus comentarios y sus votos. Son capaces de arrasar una buena idea, un proyecto, una inversión o la honorabilidad profesional de una persona con tal de ganarle una batalla dialéctica a su oponente. Está pasando con el proyecto del Astoria. En vez de valorar y analizar sus beneficios, garantizar la libre concurrencia y favorecer su construcción si así se estima conveniente, se han dedicado a dispararse unos a otros utilizando como arma arrojadiza a terceros, como a Antonio Banderas, cuya carrera profesional, su malagueñismo desinteresado y su actitud merecen, cuando menos, el respeto de una corporación que representa a todos los ciudadanos. Esta demostración de política paleta y de envidias y rencores no está a la altura de esta ciudad.

Deberían darse cuenta de que, al margen de ideologías, no estaría mal talla política, sentido de la ciudad, responsabilidad y respeto hacia personas, proyectos empresariales e iniciativas sociales, víctimas a menudo de la frivolidad con la que sus señorías tratan sus asuntos, que son los nuestros.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate