CARTA DEL DIRECTOR

El centro de la diana

El reportaje que hoy abre las páginas del periódico es bastante ilustrativo sobre la situación del centro histórico de Málaga: una enorme variedad de intereses -todos lícitos y comprensibles- y la necesidad de ordenarlos con sentido común, criterio estratégico y, además, con profesionalidad. El reconocido atractivo de todo el casco antiguo, su actividad hostelera, hotelera y comercial y la masiva afluencia de público -turistas, cruceristas y de los propios malagueños- invitan no sólo a una reflexión, sino a la toma de medidas para evitar morir de éxito. Sería poco inteligente ver esta situación como un problema, cuando es una privilegiada oportunidad cara al futuro. Ya lo decía Antonio Banderas en la entrevista exclusiva que publicó SUR hace unas semanas: «Si Málaga sigue como hasta ahora, esto va a ser histórico».

Y a la hora de regular toda la actividad del centro habría que partir del convencimiento de que es imposible contentar del todo a todo el mundo. De lo que se trata es de ordenar el espacio de las terrazas, sus dimensiones, su estética, sus horarios; de regular los alquileres vacacionales para garantizar un servicio de calidad y la competencia leal con las camas hoteleras; de establecer medidas para mejorar las condiciones residenciales y de vida del centro, sobre todo, por lo que se refiere al ruido y la accesibilidad, y de mejorar servicios como la limpieza, carga y descarga, movilidad e infraestructuras.

Además, el centro histórico debe expandirse. Y para ello, lo mejor es actuar en zonas casi olvidadas como Malagueta, la zona Este, Trinidad-Perchel, Victoria, etc.

No es nada fácil, por lo que es preciso profesionalizar todo lo posible el proceso. Un asunto tan complejo no puede quedar al albur de caprichos, filias, fobias, obsesiones, gracietas, frustraciones, intereses o complejos del político de turno o de cualquier persona o colectivo concreto. Es imprescindible trabajar con datos reales, estudios y análisis y no con propuestas que pueden resultar ocurrentes en un pleno municipal o en un desahogo en redes sociales, pero que no pueden ser tomadas en serio. El debate siempre es bueno, pero cualquier postura debe defenderse con criterio y argumentos; y no sólo con bilis o prejuicios. Alguien debe tomar el mando y parece claro que debe ser el equipo de gobierno del Ayuntamiento.

El ejemplo del proyecto sobre los terrenos del Astoria es bueno para ahondar en esta idea: es una oportunidad no sólo para dar uso a ese espacio, sino para reordenar y reactivar todo el entorno. El proyecto ganador del concurso parece atractivo, por aportar nuevos usos de ocio y, sobre todo, por su utilidad social tanto como dinamizador cultural -teatral, musical y otras bellas artes- como regenerador de un entorno -plaza de la Merced, Mundo Nuevo, Lagunillas, Cruz Verde, Victoria- atascado durante años en el botellón y el olvido, pero con enormes posibilidades.

Se trata de acertar en el centro de la diana y no en disparar dardos a diestro y siniestro como si el casco histórico fuese una caseta de feria. Porque, pese a quien pese, Málaga es hoy una gran ciudad.

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