Diario Sur

VOLTAJE

El Consorcio Museístico

Esta semana en Málaga hemos tenido la sensación de haber albergado un momento ya vivido, eso que los franceses llaman ‘déjà-vu’ y que muchos de nosotros jamás hemos sabido pronunciar, hasta la derivación a un selecto ‘deyaví’, expresión que provoca algo a medio camino entre la ridiculez y la sofisticación. Que vengamos a presentar ahora, a estas alturas del partido, la marca ‘Ciudad de museos’ se antoja una estrategia previsible y trasnochada, a una cosa que huele a antiguo, un poco como lo de Mocedades o El Consorcio, grupos que eran mayores ya en su primer disco, inmemoriales como esas personas que llevan décadas atrapadas en la misma edad.

La ausencia de sorpresa está quizás inducida porque llevamos escuchando lo de ‘ciudad de museos’ los suficientes años como para que no nos resulte novedoso. Esto no quiere decir que no nos apetezca vivir en una ciudad de museos, claro que nos apetece. El Ayuntamiento ha hecho en definitiva lo mejor que se puede hacer hoy día con cualquier asunto, que es convertirlo en una marca. Si a esa marca le hace justicia un logo con monigotes y la trilladísima tipografía pseudopicassiana de Málaga, ciudad genial (esta vez con su tilde y todo), eso es algo que a nosotros no nos corresponde dirimir.

En el minicoloquio con los directores de museos hay quien echó en falta a Carmen Thyssen. No a ella, porque pasa largas temporadas en Andorra, sino a algún representante de su museo, que además es medio municipal y muy apreciado por el alcalde. Vale que lo que dijo el otro día la baronesa de que «había hecho un museo en una zona de ratas» tiene bastante tarea, pero lo peor de todo es que es posible que tuviese algo de razón, aunque da coraje que así se extienda la creencia que los nuevos museos han nacido en una especie de desierto intelectual, porque no es cierto. La baronesa tampoco entiende esta manía nueva de separar (y de semejante manera, en público y con una cuenta atrás) los cargos de directora artística y de gerente. A este respecto la verdad es que ya no se sabe uno qué decir, entre otras cosas porque el ejercicio de selección ya de por sí nos resulta macabro.

También en el Ayuntamiento son muy despistados, y es verdad que en algún sitio había que poner el límite: si tuvieran que subir al escenario los representantes de todos y cada uno de los 37 museos que supuestamente hay en la ciudad, para cuando el último hablara ya se habrían terminado las obras del mismísimo Palacio de Miramar. Apostaríamos a que más de un “experto en material cultural” de los 200 que fueron acudió a aquel acto sólo para husmear por el hotel, incluso animado por la mera presencia de canapés. Con todo, la marca ‘Ciudad de museos’, con el intrigante subtítulo de ‘donde habita el arte’, nos parece que está muy bien pero estaría mejor si incluyera por dentro alguna complicidad entre instituciones, mejores prácticas o transparencia. La cosa, eso sí, por fuera resplandece.