Diario Sur

carta del director

Ni sí ni no

Las ciudades siempre parecen que están viviendo momentos cruciales. Y eso es una demostración de que están vivas, de que tienen pulso. Una especie de urgencia del presente que sólo el paso del tiempo y su perspectiva histórica pueden analizar con calma. Viene esto a cuento porque varias ciudades de la provincia se enfrentan en los próximos meses a procesos y proyectos que van a marcar su futuro.

Quizá el más trascendental es la redacción del nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Marbella, que debe disipar de una vez por todas la maraña urbanística y administrativa que asola Marbella desde hace años y que tiene sumida la ciudad en una peligrosa inseguridad jurídica.

Algo parecido le ocurre a Torremolinos, con su nuevo PGOU a punto de aprobarse, el proyecto del centro comercial y de ocio y la regeneración de todo su centro histórico y de la avenida Carlota Alessandri.

Y Málaga capital, enfrentada ante un espejo para decidir cuál debe ser su modelo después de erigirse con éxito como ciudad cultural y turística. Con proyectos a la vista como la llegada del metro al centro de la ciudad, el hotel-torre del Puerto, Baños del Carmen o la actuación cultural en los terrenos del antiguo cine Astoria y otros pendientes como la integración del muelle 4 (Muelle Heredia) en la ciudad, el puerto deportivo en San Andrés, la remodelación de la plaza de la Marina y, especialmente, la solución urbana al cauce del río Guadalmedina, vieja aspiración ciudadana varada desde hace años. Todo ello sin hablar de actuaciones necesarias en los paseos de Pedregalejo y El Palo, en el barrio de El Perchel o en la franja litoral de la Térmica.

Quizá no haya ciudad de la provincia que no tenga un horizonte cargado de ideas y posibilidades. Y pienso en Estepona, Mijas, Antequera, Vélez y algunas más.

Por todo ello es preciso exigir a las administraciones públicas transparencia y eficacia en todos los procedimientos; garantías y seguridad jurídica en sus actos; firmeza a los cargos municipales a la hora de tomar decisiones y llevarlas a cabo; exigencia a los promotores privados para cumplir absolutamente todos los compromisos, y respeto de todos los cauces legales de participación política y ciudadana.

Hay que tener claro, y más en estos tiempos, la dificultad de contentar a todos. A nuestros políticos hay que pedirles, cuando menos, independencia en la toma de sus resoluciones, búsqueda del interés general y aguante frente a la crítica. Que no caigan en su socorrido ni sí ni no, sino todo lo contrario.

Hay que tomar muchas decisiones estratégicas (modelos de ciudad, turístico, de ocio, de restauración, de movilidad) y ello implicará, en todos los casos sin excepción, que haya descontentos y agraviados. Y no siempre el que hace más ruido o el que grita más alto es el que tiene razón. Por eso son tan necesarios hoy los políticos con personalidad y no los políticos que quieran estar sentados y de pie al mismo tiempo. Porque eso, como dicen que dijo el torero Guerrita, no puede ser y, además, es imposible.

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