Diario Sur

LA ROTONDA

El cartel

En los portales del barrio ha aparecido un humilde cartel pegado con fixo a la pared. Está escrito a boli, con buena caligrafía, en mayúsculas, y lo han fotocopiado tantas veces como las que le habrán dado a su autora con la puerta en las narices. «¡Busco alquiler!», encabeza la nota, con letras enormes. Luego, escueta pero bien planteada, desgrana sus necesidades y su oferta. La firmante busca desesperadamente un piso de tres dormitorios en la zona, que no es particular. A cambio, ofrece pagar todo el año por adelantado, para lo que dispone de una subvención del Ministerio de la Vivienda y «avalistas con nómina». No parece un mal perfil, pero nadie le quiere arrendar.

No es ni de lejos el primer caso que me encuentro. Tengo al menos dos peticiones, de un matrimonio mayor y de una pareja joven con un bebé, para que los recomiende si me llega algo. No es una anécdota: las estadísticas del sector inmobiliario dicen que en la capital se puede llegar a encontrar un inquilino, seleccionado entre un catálogo de candidatos, en apenas 48 horas. No hay oferta, y la que hay alcanza unos precios impagables. Hay miles buscando y, como ocurre en las capitales más pujantes, se ha roto el stock. A pesar de que es un problema grave, apenas se habla de ello porque no tiene la trascendencia mediática de otras cuestiones. Simplemente, el que no encuentra casa, sigue con sus padres o se aguanta con la que tiene, aunque no responda a sus necesidades de espacio o de ubicación.

Hay varias causas que lo explican. Por una parte, la capacidad de atracción de Málaga, que está de moda como lugar de residencia por su elevada calidad de vida, pero también porque tiene un mercado laboral más dinámico que su entorno, por lo que genera más empleo. También persisten las dificultades para comprar, que sigue siendo la opción preferida aunque muy pocos jóvenes tienen acceso a una hipoteca. A todo esto, se añade el hecho de que una parte de la oferta de alquiler que sale al mercado, sobre todo en las zonas céntricas y costeras, se destina al turismo, que paga mejor y con menos riesgos. Y este es precisamente el último factor: todavía hay muchos propietarios a los que les da miedo encontrarse con un inquilino moroso, al que cuesta meses echar. Prefieren dejar la vivienda vacía con tal de no tener problemas.

Más allá de los intentos bienintencionados del Ayuntamiento por hacer VPO y actuar como avalista; del Gobierno central por dar ayudas y la inoperancia crónica de la Junta en este tema, la cuestión de la habitabilidad es un problema de gran calado social que exige una respuesta urgente y contundente. Pero seguimos perdiendo el tiempo y las energías en chorradas que no dan ni para justificar un triste cartel pegado en un portal.