LA ROTONDA

La fama y la lana

Pónganse en situación. Imagínense que un día de los fuertes en el aeropuerto de Málaga, pongamos por ejemplo la vuelta de las vacaciones de Semana Santa, con cientos de vuelos y miles de viajeros, una huelga salvaje de un colectivo profesional deja en tierra a casi todos -sí, han leído bien, todos- los pasajeros que tenían que volver a sus hogares ese día.

Como en una moderna diáspora bíblica, los afectados agotan todas las plazas de los trenes, los coches de alquiler y los autobuses de refuerzo para llegar hasta los aeródromos de Sevilla, Granada, Madrid y hasta Ciudad Real (y eso que todavía está cerrado). Una alocada huida prebélica a costa de la irresponsabilidad de los gestores de una infraestructura.

Por descontado, el golpe de imagen para la Costa del Sol sería demoledor. Semanas de titulares en los principales periódicos e informativos europeos y testimonios lacrimógenos en plan: «Temí que jamás regresaría a casa ni a ver a mi perro»; mientras suplican delante de un mostrador por un billete a cualquier parte lejos de aquí. Vamos, que ni la tragedia del 'tsunami' de Indonesia que tan bien reflejó la peli Lo imposible. Nos iban a crucificar boca abajo. Como daños colaterales: una bajada general de precios de los hoteles y servicios para resarcir a los 'pobres' turistas para convencerlos de que vuelvan, y millones invertidos en publicidad, relaciones públicas, daños y perjuicios del colérico personal.

La situación descrita -que por supuesto es ficticia- fue lo que de verdad sucedió el fin de semana pasado en Berlín. Una de las grandes capitales europeas se permitió el lujo de cerrar sus dos aeropuertos por una huelga del personal de tierra. Ocurrió el día en el que los representantes institucionales, los técnicos y los periodistas pretendían volver a sus hogares después de trabajar en la ITB, una de las principales ferias de turismo de Europa. Las delegaciones internacionales tuvieron que posponer su vuelta (sin hoteles porque estaban todos hasta arriba). O trasladarse por tren y por carretera a otras ciudades alemanas, y luego a Bruselas y hasta a Dublín; y hacer varias escalas más antes de conseguir regresar, uno o dos días después de lo previsto. Ya de camino no está mal recordar que las obras del tercer aeropuerto berlinés, que se llamará Willy Brandt, acumulan cuatro años de retraso, todavía no tienen fecha de apertura y están marcadas por sobrecostes multimillonarios.

Pero la realidad es que el resultado allí ha sido muy diferente de lo que hubiera ocurrido en Málaga: ningún problema, 'no ha pasao na' y si hay huelga, ajo y agua 'mein Freund'. Siempre están los que crían la fama y los que cardan la lana.

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